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jueves, 18 octubre 2018

Nacional

¿QUIÉN ES JESÚS ALFREDO GUZMAN SALAZAR?

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STAFF SOL QUINTANA ROO

"El Chapo" se ha casado tres veces. En su primer matrimonio, con Alejandrina María Salazar Hernández, tuvo tres hijos, Iván Archivaldo Guzmán Salazar; Jesús Alfredo Guzmán Salazar y César Guzmán Salazar. De los tres hijos y de su primera esposa penden acusaciones de tráfico de droga y lavado de dinero en Estados Unidos.

Jesús Alfredo Guzmán Salazar, fue señalado por el Departamento de la Tesorería de Estados Unidos, en 2013, de haber ingresado varias toneladas de droga al país del norte.

Jesús Alfredo Guzmán Salazar, "El Alfredillo", fue presuntamente arrestado, en 2012, por la Secretaría de Marina. Pocos días después, la institución militar tuvo que admitir uno de los más grandes errores en su historia: el detenido, que confundieron con el hijo de uno de los capos más importantes de México, era, en realidad, un vendedor de autos de segunda mano.

Después de que su padre fuera atrapado por las autoridades, nuevamente, a principios del 2016, "El Alfredillo" volvió a aparecer en la luz pública a través de Twitter. En esta red social publicó, supuestamente, amenazas en contra del Estado Mexicano: "Por las buenas puedo ser un santo, pero las malas son veneno y el Gobierno sabrá de los Guzmán muy pronto".

El domingo 14 de agosto del 2016, Jesús Guzmán y su hermano fueron secuestrados, junto con tras 15 personas mientras celebraban el cumpleaños de su hermano mayor en un restaurante de la zona turística de Puerto Vallarta.

Días después fueron liberados y para ello, de acuerdo con los reportes, habría intervenido Ismael, El Mayo Zambada, compadre de Joaquín El Chapo Guzmán y socio desde que formaron el cártel.

LAS ISLAS MARÍAS (SEGUNDA ENTREGA, CUARTA DE CUATRO PARTES)

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STAFF SOL QUINTANA ROO

El Papa León XIII ordenó que de los votos solemnes, cesara absolutamente la obligación si, por desgracia, las profesas hubieran de salir del claustro, arrojadas por violencia o ataque de parte de autoridad civil.
"Por el decreto papal estaba dispensada de mis votos –explicó-- durante la incomunicación que sufrí largo tiempo, pude en mi celda, aunque a medias, continuar cierta vida religiosa, pero ella cesó cuando fui enviada al penal del Pacífico, donde tuve que tratar infinidad de personas con quienes forzosamente convivía, expuesta a muchos atropellos que solamente con un respeto moral y legítimo pude superar. Y en los hospitales, cárceles, Penitenciaría y destierro, así como en los varios y diferentes trayectos, era imposible aislarme y llevar vida conventual. Seis años bien largos por su intensidad habían cambiado mi vida. Y durante ellos, el hampa, término que se oye con indiferencia, fue el medio ambiente que me rodeó y el que, por información directa y personal hecha en confidencia, me hizo saber la más cruda y descarnada realidad. Esto llegó hasta mi imaginación en forma de relatos vívidos e incoherentes, tremendamente repugnantes, capaces de impresionar a la mente más serena".

Quién, en esas condiciones y ante un futuro cargado de negruras ...¿pensaría en volver a ser monja?.
"Eran frecuentes las proposiciones que me hacían en lenguaje que no me era familiar, haciéndome pensar: ¿qué querrá decirme este señor? Ignoraba el insulto y sin saber qué actitud adecuada tomar, sonreía siempre con benevolencia. Vi en muchas caras el asombro manifiesto, al enterarse de mi desconocimiento en la vida. Me di cuenta con extrañeza que me hacían señas, cuyo significado desconocía y cortésmente agradecía con cara amable, enrojeciendo después, cuando llegué a conocer el sentido grosero que envolvían, a la par que lloraba de indignación y amargura".

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El 20 de octubre de 1934 tuvo lugar el matrimonio civil, fue sábado. En la casa del doctor Elizalde se disfrutó de una comida, rociada con limonadas.
Los años pasaron y La Madre Conchita iba en un tren. Y relata que en el asiento inmediato anterior iba un matrimonio y sus dos pequeños hijos. "Pensé que eran parientes del agente de publicaciones, pues éste les hablaba con mucha confianza y siempre que disponía de tiempo se acercaba a ellos para conversar".
"En una de tantas veces llegó con cara de malicia y aproximándose a ellos con aire misterioso les dijo a los esposos: ---¿Saben quién viaja en el gabinete del pulman..? ¡Ni se imaginan! ¡Pues nada menos que la madre Conchita! ¿Y con quien creen ustedes que está?

"Ellos dijeron que francamente no podían suponer. Él les dijo que con el general Palma "y vienen los dos solos en el gabinete".
"El matrimonio comentó que se sabía que estaba en las Islas Marías y que no se podía creer, porque era una monja. Para evitar más comentarios absurdos y frases ultrajantes, me puse de pie y recargándome en el asiento que ocupaban ellos, me dirigí al agente de publicaciones para decirle que era la madre Conchita.

"El auditor del tren me conocía y llegó providencialmente para decir que efectivamente era la madre Conchita y el señor que está allá es el director de las Islas Marías, por eso viene la escolta en este carro. Entonces, el agente de publicaciones no tuvo más remedio que pedirme perdón", agregó la madre Conchita.


Durante 13 años, de 1928 a 1940, "permanecí injustamente presa, nueve en las Islas Marías y el resto en diversas cárceles. Llegué a creer firmemente que jamás quedaría libre. Pero, gracias a Dios, todo tiene su fin".
La ejecutoria de la Suprema Corte de Justicia, reconociendo que se había violado la ley, "al negarme el indulto a que legalmente tenía derecho, violación cometida por el entonces secretario de Gobernación, licenciado Ignacio García Téllez, que dijo hacerlo en nombre del general Lázaro Cárdenas, Presidente de la República, fue dictada por ese alto tribunal con apoyo en las constancias que se aportaron como prueba", explicó la madre Conchita.

La sesión de la Primera Sala fue celebrada el 26 de noviembre de 1940, o sea en las postrimerías del gobierno del general Cárdenas, por lo que, "de haber procedido rectamente la secretaría de Gobernación, hubiera yo podido salir en ese mismo mes de noviembre, pero no fue así".
Fue necesario que los días corrieran y tomara posesión del gobierno de la República el Presidente Manuel Ávila Camacho, quien, "se puede decir, inauguró su mandato con el acto oficial de ponerme en libertad. Siendo su secretario de Gobernación el licenciado Miguel Alemán, ordenó se hiciera el oficio con carácter de urgente para que recuperara mi libertad, debiendo haber salido de la Penitenciaría el 7 de diciembre, mas no fue así. Por misteriosas maniobras, esa orden no fue entregada sino hasta el 9, teniendo por lo mismo que pasar en encierro el día 8, día de mi onomástico. Tal vez alguien gozó con darme aquella última prórroga, y a quien perdono y pido a Dios perdone por acrecentar mi amargura y sufrimiento", comentó la religiosa.

"MADRE CONCHITA" PUESTA EN LIBERTAD

El 9 de diciembre, como en alas de un vendaval, "entraron en mi celda una reclusa y una celadora, casi gritando las dos: --¡No se espante! ¡Ya están por usted!"
Dando traspiés de emoción, "salí de mi celda. Vi con estupor que llegaba hacia mí el licenciado Farah, secretario de la Penitenciaría, acompañado de dos de mis hermanas. Luego venía Carlos, mi esposo, con un gran ramo de flores que abrazaba gozoso. En el patio me esperaban mis compañeras de reclusión, que me rodearon en seguida, gritando: --¡Ahora sí se le hizo, madre Conchita! ¡Ya se va, qué bueno!".

Entonces sucedió algo "que me conmovió al extremo: uno de los pequeñitos, de varios que estaban al lado de sus madres, se abrazó a mis rodillas llorando y entre sollozos me dijo: --¡Adiós, mamá Conchita! Y luego besó mi vestido".

--Sentí enloquecer, poseída de dulce emoción. No pude hablar, pero sí ver. Y vi que todos, hombres y mujeres, presos, empleados y periodistas no estaban menos conmovidos que yo. Los varones se volvían para ocultar las lágrimas que asomaban a sus ojos.

La madre Conchita dedicó sus últimos recuerdos a la Virgen de Guadalupe, perdonando a los que tanto daño hicieron a la religiosa, a los que la calumniaron y para los buenos, dijo que con su "indiferencia e incomprensión acrecentaron mis méritos".

Los esposos Castro se perdieron un tanto para el mundo y fueron localizados por el licenciado Jacobo Zabludovsky en un domicilio de la calle Álvaro Obregón (¿Coincidencia?), donde residían con María Grajales, "La Pichita". La llamada "mártir de México" murió el 30 de agosto de 1970, a los 88 años de edad y por disposición escrita y Papal, fue sepultada con hábito y crucifijo. En otra increíble coincidencia, Carlos Castro Balda murió el 17 de julio de 1986, aniversario del asesinato de Obregón y a los encargados de la funeraria se les cayó el cuerpo del ex dinamitero, las lesiones post mortem provocaron el levantamiento de un acta ante el Ministerio Público. Y María Grajales, "La Pichita", fue amparada por familiares en Guadalajara, donde entregó su alma al Creador, satisfecha de haber cuidado a los esposos Castro el tiempo que su destino le permitió.

"CONTINUARA"...

Las Islas Marías (Segunda entrega, tercera de cuatro partes)

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STAFF SOL QUINTANA ROO

RELIGIOSA SENTENCIADA A 20 AÑOS

"¿Qué dirían aquellos a quienes la justicia separó del seno social, para enterrarlos en la tumba del Pacífico por diez o veinte años?" —preguntaba Miguel Gil. Y la religiosa había sido sentenciada a 20 años de prisión.

En la Colonia Penal había existido un porcentaje de sujetos relegados sin sentencia judicial, ese último grupo estaba constituido por vagos y malvivientes, entre los cuales había toda la entonces gama del mundo del delito, que abarcaba las más diversas modalidades del robo, desde el cometido por el simple raterillo hasta el del "paquero" internacional pasando por los "carteristas", "cruzadoras", "guitarreros", "cristaleros", "espaderos", etcétera, según los calificaba un acertado léxico policíaco.

Así como a los explotadores del servicio, traficantes de drogas, tratantes de blancas y un grupo de sujetos que merecería consideraciones especiales (los homosexuales) y reos por delitos de disolución social, recluidos debido a las circunstancias internacionales. Esta clase de sujetos —explicaba el doctor Eusebio Dávalos Hurtado, en un estudio antropológico— formaba un grupo totalmente diferente de los criminales sentenciados e inclusive éstos procuraban no tener contacto con los individuos llamados "de gobierno".


Por su parte, el doctor Siegfried Askinasy comentó tras una visita a las Islas Marías, que los penados —entre los cuales había sentenciados a la pena capital, conmutada por veinte años de deportación— vivían en barracas de ladrillo, de dos pisos, con cuartos de dos por tres metros, cuyas puertas ni siquiera tenían candados. ¡Cuántos jornaleros envidiaban el rancho de los penados de las Islas Marías! ¡Cuántos campesinos -decía- vivían en chozas de adobe, junto a las cuales las barracas citadas podrían pasar por palacios!

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En otros tiempos, aseguraba, cuando lslas Marías fueron realmente un infierno, se registraron varias evasiones, fracasadas casi todas de la manera más trágica. Los reclusos, llevados hasta la última desesperación por las terribles condiciones en que vivían y los crueles castigos corporales que se les imponían por la menor falta, preferían arriesgar la vida aventurándose a alta mar en ligeras canoas pescadoras y hasta en balsas; y si algunos pocos

LAS GRANDES FUGAS

Lograron fugarse de la entonces verdadera "Isla del Diablo", los demás fueron capturados y fusilados, o perecieron en el mar.
Todas esas crueldades que tan funesta fama dieron a las Islas Marías; los trabajos de sol a sol en las salinas, que los presos efectuaban dentro del agua saturada de la laguna, cuyos cloruros les producían espantosas llagas; la cuadrilla "Relámpago", un tormento que consistía en cargar y descargar piedras sin detenerse ni un solo instante, ni tan siquiera para enjugar el sudor y la sangre que manaba abundantemente de las desnudas espaldas heridas por las piedras y los látigos de los capataces; las flagelaciones hasta la pérdida del conocimiento, que se practicaban a diario, colgando al preso de un árbol, todos estos horrores "pertenecieron al siniestro pasado del Penal del Pacífico".

La Madre Conchita recordó todo esto en sus memorias, pero, en especial, cuando conoció a quien sería su esposo, el llamado dinamitero Carlos Castro Balda. Ella fue nombrada bibliotecaria en Lecumberri (estuvo en varias cárceles) y con el pretexto de leer libros, el extremista le contó de su responsabilidad histórica y por ende penal, de la dirección intelectual y participación personal que había tenido en "la ruidosa protesta hecha en la Cámara de Diputados, con unos petardos que explotaron en uno de los sanitarios de la misma", por la actitud de aquella legislatura ante la persecución religiosa.


En la primera oportunidad Carlos Castro Balda le propuso matrimonio, que por el momento, rechazó rotundamente la religiosa, aunque el exguerrillero le ofrecía apoyo moral y su nombre, pues los enviarían a las Islas Marías, donde alguien tendría que defenderla seguramente.


"No hay ni la más remota posibilidad de que venga un sacerdote, por la incomunicación ordenada. Así que debemos apelar a los extremos autorizados en este tiempo por la suspensión de cultos y suplir con un acta la formal promesa que se hacía ante el ministro de Dios".

"No podrá usted volver al convento cuando salga y eso va para largo. Le es indispensable un respeto y alguien que pueda defenderla en todos los terrenos contra cualquier enemigo bajo y vil. No dude más y levantemos un acta que firmaremos con testigos, como es previsto para el caso. La iglesia lo autoriza por la suspensión de cultos y la persecución", decía Carlos Castro Balda.

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La religiosa aceptó, firmaron ambos y dos testigos internos, era la promesa de casarse ante un sacerdote... Ella explicó que se casó porque "Dios manifestó, por las circunstancias que la rodeaban, que tal era su voluntad". Pero, objetarían algunos: "¿Cómo? Si las monjas no pueden casarse".


Efectivamente, comentó, "a las monjas no les es lícito casarse. La religiosa, al profesar, promete ser esposa de Jesucristo, sus primeros votos temporales, por cinco años, emitidos al terminar el noviciado, son perpetuos y solemnes; sin embargo, al casarme, lo hice con toda legitimidad".

LAS ISLAS MARÍAS (Segunda entrega; segunda de cuatro partes)

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STAFF SOL QUINTANA ROO

SE CASÓ CON FRANCISCO J. MÚGICA, SEGÚN RUMORES

El tiempo pasó y el 24 de enero de 1933, en el semanario "La Trinchera", que se publicaba en La Piedad, Michoacán, dirigido por José Hernández G., apareció en su número 22, la siguiente "noticia": "Contrajo matrimonio La Madre Conchita, con el general Francisco J. Múgica, exgobernador de Michoacán. Nuestro estimado colega "El Correo de Zamora", nos da la noticia de que la señorita Concepción Acevedo y de la Llata, comúnmente conocida como "La Madre Conchita" y que tanto ha figurado en el proceso que se sigue contra los cómplices del asesino José de León Toral, quien dio muerte al general Obregón, acaba de contraer matrimonio con el caballeroso michoacano, general Francisco J. Múgica, exgobernador de Michoacán y actualmente director de la Colonia Penal del Pacífico. Nos abstenemos de hacer comentarios por no saberlo de una manera oficial".

La "noticia" no corrió con la rapidez que actualmente se hubiera registrado, no, llegó primero a la mesa del director del periódico El Nacional—ya desaparecido—ingeniero Luis L. León, quien se la envió inmediatamente al general Múgica. En menos de un mes (según relataba el licenciado Javier Piña y Palacios) la "noticia" salió de Michoacán, llegó a México y fue conocida en las Islas Marías. El general se apresuró a rectificar. Se conocieron dos versiones, dijo Piña y Palacios.

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La oficial rezaba: "Isla María Madre, 16 de febrero de 1933. Su número 22 publica nota mi matrimonio con señorita Concepción Acevedo y de la Llata. Tratase de una maniobra reaccionaria atacando mis convicciones y la moral social de que he dado reiteradas pruebas. Ruego hacer rectificación para normar concepto opinión pública. Gracias. General Múgica".

SIGUEN LAS VERSIONES

La versión particular: Amigo y correligionario, ingeniero Manuel Bonilla. "Respecto a lo de la monja y a mi matrimonio con ella. Usted sabe que el elemento clerical del país está muy indignado por la actitud asumida por La Madre Conchita, ante los tribunales de la República, pues obligada por una sistematizada campaña de nuestros y de responsabilidades que los directores del alto clero trataron de arrojarle encima, reaccionó en el sentido de la verdad y de la moral humana y ha puesto el dedo en la llaga clerical, desenmascarando a los verdaderos autores intelectuales del asesinato del general Obregón y, como corolario, se trata de desprestigiar al impío, suponiéndolo capaz de aprovechar la situación de las personas colocadas bajo su férula, para aprovecharlas en beneficio de la colectividad revolucionaria; por fortuna, se ha acreditado tan grandemente en la conciencia nacional, que no tiene necesidad de maniobras sucias para descubrir a sus enemigos".


Y su amigo, diputado michoacano Ernesto Soto Reyes, le escribió a Múgica que el general Calles estaba bastante complacido de que el director de las Islas Marías hubiese logrado convencer a la religiosa para que hablara sin miedo a los altos prelados católicos, revelando cuanto sabía en torno al asesinato del general Álvaro Obregón, "celebro que el general Calles reconozca el enorme sacrificio que usted ha prestado a la Revolución y en lo particular le ha prestado al mismo Jefe Calles, al destruir con las declaraciones de la señorita De la Llata la burda calumnia de la cleresía de que el asesinato del general Obregón era político e inspirado por el propio general Calles", indicó el diputado.


(El ingeniero Bojorques en su obra sobre las Islas Marías hizo alusión a regímenes anteriores al del general Múgica y dijo sin titubear que "los demás directores no dejaron otra huella de su paso que algunos cortes de maderas finas y la ejecución de objetos para su uso personal, pero también dejaron huellas en las espaldas de los colonos, pues no encontraron otra forma de corregirlos que el empleo del látigo, y los explotaron brutalmente en trabajos particulares, aplicándoles castigos de los más infamantes").


Y volviendo al tema de la Madre Conchita, Miguel Gil, del periódico La Prensa, escribió en su libro "La Tumba del Pacífico", que de las seis de la tarde en que se reunían los presos en los patios de sus barracas, hasta las nueve, "sus cánticos forjaban una tristeza impresionante, pues como cánticos de diferentes estilos, cada uno de los presos entonaba las canciones de su tierra, y unos eran del Norte, otros del Sur, otros más del interior o de las costas, los estilos diferían y hacían una mezcolanza que se prestaba a la meditación, pues cada una de esas canciones traía un recuerdo, una añoranza dolorosa, el eco de lares lejanos, lenguaje y folklore semejante y siempre interesante".


Era en ese período de tiempo cuando se experimentaba la sensación del destierro, cuando el corazón se encogía y se pensaba en la libertad y se echaba a volar el pensamiento, que atravesaba el océano Pacífico como una exhalación para ir en busca de los seres a quienes se amaba y recordaba.

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LAS ISLAS MARIAS (SEGUNDA ENTREGA, PRIMERA DE CUATRO PARTES)

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STAFF SOL QUINTANA ROO

La Madre Conchita contaba que al organizarse la "cuerda" para las Islas Marías, los soldados formaron dos filas en medio de las cuales fueron colocadas todas las mujeres que, cargando sus "chivas" arrastraban sus pies y su dolor, en mayo de 1929...

Siguiendo el paso marcial de la tropa, las mujeres se hundieron en la sombra que cubría los llanos cercanos a la Penitenciaría, a través de los cuales estaba tendida la vía del Ferrocarril de Cintura.

Luego de un buen tiempo de camino, en alguna estación un teniente coronel le advirtió a Conchita: "A usted es la primera que tengo orden de matar, en caso de que los cristeros pretendan liberarlas...mucho cuidado".

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En un lugar denominado Las Juntas de Guadalajara, subieron al convoy más cristeros y cristeras, atados aquellos unos con otros por las muñecas.

Un militar ordenó poco después dejar atrás a las cristeras junto con grupo de soldados, porque había órdenes de pasar Los Altos con pocos presos y pocos soldados, porque se temía que los cristeros asaltaran el tren, "así no serían muchos los que se tuvieran que sacrificar en caso de ataque".

En un cerro se vieron muchos cristeros armados, a caballo, pero dieron media vuelta y se internaron en los bosques.

Al llegar a Manzanillo, puerto de embarque para las "cuerdas", bajaron a los cristeros y los condujeron a la cárcel municipal. A las monjas y cristeras las llevaron a una casa grande y vacía. Había 16 religiosas y 184 guerrilleras.

Fue el 13 de mayo de 1929, cuatro días después del arribo a Manzanillo, cuando se oyó la potente sirena de un barco, el "Washington", contratado para la cruel faena. Una escolta de 33 soldados subió con la "cuerda". Fueron 25 horas de navegación, el desembarque fue en la isla María Madre, aproximadamente a las 5 de la tarde, del 14 de mayo de 1929. Las guerrilleras estarían poco tiempo, pero La Madre Conchita estaba sentenciada a 20 años de cautiverio.

 

LIBERAN A "LA MADRE CONCHITA"

 

El 14 de julio de 1929, las 184 prisioneras —menos una— se despidieron de la religiosa porque las habían liberado y se tenían órdenes de llevarlas a México, "se notó en seguida un movimiento inusitado, alegre ir y venir de todos y de todas, ya estaban libres. Todas las muchachas empezaron a llegar en pequeños grupos a despedirse de mí. Lloraban, me abrazaban y procuraban darme ánimos diciéndome que de seguro en el siguiente barco dejaría yo el destierro", comentó La Madre Conchita en su oportunidad.

Inesperadamente, María Grajales —acusada de llevar municiones a los cristeros— mejor conocida como "La Pichita", por su corta estatura, rompió su boleta de libertad y dijo: "Yo me quedo con La Madre Conchita, para cuidarla en medio de tantos hombres".

Nunca más se separaron las amigas, para donde fuese la religiosa iba María Grajales, quien le brindó su amistad desde que viajaban en la "cuerda" hacia las Islas Marías.

 

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