Banner
Banner
Banner
Banner

miércoles, 24 abril 2019

Dr. Kiskesabe

Tuberculosis y burocracia médica.

  • PDF

1231394

STAFF SOL QUINTANA ROO

La tuberculosis es una vieja enfermedad que por decreto presidencial desapareció durante algún tiempo. En el momento actual, está cobrando victimas con la ayuda del virus del SIDA y con la burocracia médica.

Hace unos 30 años cuando estudiaba medicina, recuerdo que los hospitales de salubridad en donde nos permitían hacer nuestras prácticas hospitalarias existían pabellones específicos para tuberculosos. Con estos enfermos entrenábamos el interrogatorio y la exploración física, con ellos ejercitábamos la elaboración de la historia clínica, el mejor estudio para establecer un diagnóstico. Los tuberculosos fueron nuestros grandes maestros de la clínica.

Era impactante entrar a un pabellón de estos, seres humanos con sus cuerpos desnutridos a los que se les notaban todos los huesos como si fueran unos esqueletos envueltos minuciosamente solo con la piel, no se notaban masas musculares, sus movimientos lentos y torpes en sus camas mullidas, sucias y pestilentes a excremento por la escasa higiene que se les proporcionaba, su mirada perdida e inexpresiva, solo se modificaba con los esfuerzos de la tos reflejando el sufrimiento en lo más profundo de sus sentimientos y de su ser. Parecían las momias de Guanajuato filmando una película de Santo, el enmascarado de plata.

Marginados por el sistema de salud vigente en esa época, por sus familias y por la sociedad, eran amontonados en esos cubículos o pabellones de la miseria a esperar estoicamente la muerte, la única que en esos tiempos les daba la calma y el alivio que ellos solicitaban en sus plegarias, Los médicos, llenos de prejuicios y de temor al contagio propiciaban este alejamiento, enviaban a los pasantes de medicina o a las enfermeras para cumplir con el requisito de brindarles atención médica. Su presencia con uniformes de blanco les daba alguna esperanza de curación y salvación y en principio cooperaban con nosotros los aprendices de médicos.

Algunos de ellos enfermos, de tantas veces que les habían realizado su historial clínico se habían memorizado algunas preguntas clínicas y nos las señalaban cuando las omitíamos durante el estudio, se habían convertido en unos verdaderos maestros de la clínica propedéutica o el arte de interrogar a un enfermo.

Los médicos responsables de su tratamiento ni se les aproximaban. Nos enviaban a los novatos, a la guerra contra los bacilos de la tuberculosis. Era denigrante para nuestros maestros, hacer contacto con estos enfermos. Estas fueron las enseñanzas que recibimos en esa época, una, la de los enfermos con dignidad ante su cruel existencia, y otra diferente, la de los maestros de la medicina los cuales nos enseñaron a marginar, a descalificar a deshumanizar el ejercicio profesional, salvo algunas excepciones de médicos clínicos entregados a su profesión para mostrarnos el lado humano de la verdadera ciencia médica.

Hasta el momento actual, más de algún médico ante un paciente con diagnóstico de tuberculosis lo margina e impide su acercamiento y por tanto bloquea la atención médica con calidad humana y vocación de servicio. Llenos de prejuicios y miedo, productos de la ignorancia, del desconocimiento de la evolución de la enfermedad omiten en ocasiones un diagnóstico y tratamiento adecuados.

Esto sucedió a uno de tantos enfermos:

Un paciente, procedente de una comunidad vecina, se presentó a consulta con padecimiento de unos seis meses de evolución caracterizada por tos, flema verde amarillenta, baja de peso, disminución del apetito y por las noches con abundantes estertores bronquiales. A la auscultación de los pulmones se encontraron estertores roncantes y piantes que denotaban retención de flema espesa y pegajosa en los bronquios y alvéolos de los pulmones.

Con estos datos fuertemente se sospechó que podría tratarse de una tuberculosis pulmonar. Existe una regla básica en clínica que nos enseñaron en los pabellones de tuberculosis: "paciente mexicano, con tos y flema verde con más de 30 días de evolución, debe sospecharse TUBERCULOSIS PULMONAR hasta demostrar lo contrario".

Este paciente acudió en varias ocasiones a una dependencia de salubridad para atender su problema. Los mismos familiares sin ser médicos, por las características de la tos sospecharon que podría ser tuberculosis. En esa dependencia lo vieron algunos médicos, hicieron estudios de flemas en 5 muestras (BAAR en expectoración) para investigar la presencia del bacilo de la tuberculosis con resultado negativo. Solicitaron una radiografía de tórax (pulmones), le dijeron que era normal de sus pulmones.

Sin embargo, los médicos que lo "consultaron" nunca se acercaron al paciente para colocarle el estetoscopio en el tórax y auscultar los pulmones.

Se revisó la radiografía: incuestionablemente había unas manchas blancas múltiples en ambos pulmones, nodulares (infiltrado pulmonar) que sugerían una lesión activa inflamatoria pulmonar, sin cavernas, pero que en correlación con el cuadro clínico mencionado, con escaso margen de duda, correspondía a lesiones pulmonares de origen fímico, mejor conocida como TUBERCULOSIS.

Con un cuadro clínico y radiológico como el de este caso, desde el punto de vista práctico debe indicarse tratamiento específico y la evolución confirmará si es o no tuberculosis.

¿Porqué si el cuadro clínico era muy claro hasta para el propio enfermo y sus parientes, porqué, le informaron que no había tuberculosis?

Hay dos posibles razones:

Una, hay que decirlo, que los médicos no tuvieron capacidad para establecer el diagnóstico tan evidente, por negligencia, falta de interés de servicio al prójimo, incompetencia o inexperiencia profesionales.

La segunda, que he observado con mucha frecuencia en varios pacientes y también hay que decirlo, tiene relación con las políticas de las instituciones de salud pública, las que giran instrucciones a sus médicos para iniciar tratamiento antituberculoso siempre y cuando se demuestre la presencia de bacilos en las muestras de flemas de los enfermos, si esta prueba resulta negativa, simple y sencillamente no indican los medicamentos aunque el cuadro clínico y radiológico sugieran con alto margen de seguridad, la presencia de la tuberculosis.

Las guias de práctica clínica en tuberculosis especifican que el diagnóstico certero es cuando se demuestran los bacilos tuberculosos en las pruebas de BAAR o en el cultivo y solo con esta prueba positiva, se indica tratamiento. Como a este paciente y muchos más, no se les encuentra ese bacilo, no indican tratamiento con los datos clínicos. Grave error de juicio clínico que provoca severos daños por omisión y por la actitud burocrática e irreflexiva de ajustar los pacientes a los protocolos, y no ajustar los protocolos (guías médicas) a cada enfermo.

Para fines estadísticos, epidemiológicos y políticos la segunda opción es válida. Sin embargo, para los enfermos esta opción encaja en enfermedad yatrogénica colectiva, ya que es bien conocido en la práctica clínica, el hecho de que la demostración de bacilos tuberculosos en las muestras de flemas se logra en un porcentaje limitado (50 a 75%) de los casos de tuberculosis clínicamente evidente de tal manera que no indicar medicamentos cuando existen evidencias clínicas, y esperar a que las flemas sean positivas, se expone a los enfermos a que su enfermedad avance se complique y hasta ponga en peligro la vida de los pacientes.

No importa en que dependencia se trabaje, como profesional de la salud, el médico debe tener la competencia, el juicio y la capacidad de tomar decisiones individuales, con cada enfermo en particular, haciendo caso omiso, en casos específicos, de ciertas directrices generales o de los reglamentos establecidos por autoridades sanitarias que la mayoría de las veces son inexpertos o profanos en medicina. El cumplimiento indiscriminado de las normas burocráticas, puede provocar mayor daño del que ya tienen los enfermos.

En el momento actual, para desgracia de los enfermos y otros miembros de la sociedad, el burócrata, sea médico, maestro de escuela o regidor de algún ayuntamiento, actúa apegado a los reglamentos, normas, algunas tan superficiales como el especificar los dos sexos (niños y niñas, médicos y médicas, albañiles y ¿albañilas?) cuyo cumplimiento es inofensivo.

Pero, actuar con mente burocrática en el diagnóstico y tratamiento de los pacientes es pasmoso. Y sin embargo, sucede.

OBESIDAD Y SEXO.

  • PDF

Obesidad-y-sobrepeso-generan-insatisfaccion-sexual

STAFF SOLES

Si un sujeto excedido de peso leyera en alguna revista que los hombres obesos corren más riesgo de sufrir impotencia sexual o disfunción eréctil, seguramente se desesperaría por bajar de peso y le entraría al gran negocio de las dietas de reducción.

Precisamente en una investigación financiada por la sociedad americana del cáncer, realizada en dos mil hombres de edades comprendidas entre los 51 y los 88 años, los resultados reflejan que aquellos cuya cintura supera un metro, tienen casi dos veces más riesgo de padecer disfunción eréctil que los varones cuya cintura mide unos 80 centímetros. El estudio también apunta que los hombres inactivos tienen más probabilidades de sufrir disfunción eréctil que los que hacen ejercicio al menos 30 minutos diarios.

Noticias de este tipo pueden hacer que los hombres obesos participen en el gran negocio de las dietas de reducción cuya principal clientela hasta el momento son las mujeres, primordialmente antes del verano caliente. Con la finalidad de lucir esbeltas en las calurosas playas, se aplican todo tipo de terapias y dietas para reducir unos cuantos o muchos kilos en pocos días. Miles de personas agobiadas psicológicamente por el exceso de peso, cumplen los rituales dietéticos más extravagantes con la esperanza de que a los 50 o 60 años algún fotógrafo las promueva para concursos de belleza o para adornar la portada de alguna de las tantas revistas que se dedican a promover ilusiones. Finalmente se dan cuenta y comprueban que siguen igual de obesas.

Lo ideal es seguir una dieta equilibrada, que le haga perder peso sin pasar hambre, sin tener que engorrosamente pesar la comida en gramos ni hacer recuento de calorías, y mucho menos ingerir pastillas diuréticas engañosas o anfetaminas disfrazadas de pastillas naturistas, comiendo sanamente y sin pasar privaciones. En otras palabras, una alimentación fisiológica, sin riesgos.

Este ideal es muy difícil de cumplir en parte si el médico desconoce la fisiología y metabolismo de los nutrientes básicos, las necesidades fisiológicas diarias de calorías y si omite determinar el estado anímico del enfermo o el modo de ver la obesidad y de investigar el porqué el paciente desea bajar de peso: por salud o por vanidad. En esta disyuntiva radica gran parte del éxito o el fracaso para bajar de peso. La sicología del que desea bajar de peso. Un verdadero dilema médico.

La mayoría de los obesos desean bajar de peso con una receta o dieta mágica, sin hacer el menor esfuerzo. Estas no existen. Siempre se necesita la comprensión y la colaboración del enfermo. Sin esto, el fracaso es seguro.

Detrás de la obesidad existen factores genéticos (no modificables) que predisponen a una mayor cantidad de adipocitos, las células que almacenan grasa en todo el cuerpo ante el exceso de la ingestión de alimentos ricos en calorías como los carbohidratos (harinas, masa, sus derivados y semejantes) o las grasas principalmente de origen animal que además son abundantes en colesterol saludable.

Además de los factores biológicos que no se pueden modificar de ninguna forma, se añaden los factores psicológicos. Muchos obesos ingieren abundantes calorías como respuesta al estrés. En el cerebro existe un centro del hambre y otro de la saciedad. Funcionan automáticamente como los termostatos de un automóvil. Las tensiones por conflictos familiares, laborales o económicos, descontrolan la armonía entre estos centros provocando el aumento del apetito, generalmente en alimentos ricos en calorías, cuyo exceso, se almacena en forma de grasa. Si el enfermo rechaza esta relación entre estrés y obesidad, lo cual es habitual, el fracaso en el tratamiento es inminente.

Las costumbres nutritivas de cada familia también favorecen el desarrollo de la obesidad. No es casual que en las regiones donde se consumen, enchiladas, estrujadas, garnachas, tacos, tamales, tortillas, tostadas, tecates y todos los alimentos con "VITAMINA T" y mínimo o nulo ejercicio físico, la población esté excedida de peso. Lograr que la familia advierta esta influencia y modifique sus costumbres nutritivas excesivas es un verdadero reto médico.

Por otra parte, existen patriarcas o matriarcas, que por prejuicios sociales y culturales o el "que dirá la gente", forzan a su prole, desde niños, a ingerir alimentos ricos en calorías (vitamina T) para que se vean gordos, llenos de vida según los papás, como símbolo de triunfo y poder económicos ante el temor de ser criticados de tacaños, pobres o miserables si sus hijos se mantienen en el peso normal, que para esos miembros de la sociedad son delgados y desnutridos y faltos de cuidado por parte de sus padres. Así empieza la fábrica de gordos en que se ha convertido gran parte de la sociedad, principalmente la urbana que ha disminuido el ejercicio, fundamental para consumir y quemar las calorías excesivas en los alimentos ingeridos.

Contra todo esto debe luchar el médico y el enfermo para entender, comprender y tratar razonablemente la obesidad sin que el paciente se exponga a peligrosas dietas o medicamentos más tóxicos que benéficos. Duro compromiso para la relación médico paciente.

Medicina injusta.

  • PDF

vision-mision-vital-natural-cali-medicina-aternativa-660x330

STAFF SOLES

Justicia, deriva del latín iustitia. Se define como la virtud que inclina a dar a cada uno lo que le pertenece o lo que debe hacerse según derecho o razón. Hombre justo es aquel que en sus acciones ofrece a sus semejantes lo que debe hacerse según su derecho y razón. Médico justo es aquel que a sus pacientes, proporciona cuidados de la salud con inapreciable calidad humana, la que incluye los conocimientos técnico científicos básicos para lograrlo.

En la práctica clínica, todos los médicos, axiomáticamente, incluyendo al que esto teclea, como seres imperfectos, están expuestos a cometer injusticias con los pacientes sea por descuido, indolencia, negligencia, irresponsabilidad o ineptitud profesional. Estas injusticias conllevan daños a la salud en el ámbito fisiológico, psicológico, económico y en ocasiones hasta el grado de provocar incapacidad física o daño mortal. Enseguida algunos ejemplos:

Es injusto indicar tratamientos caros para el colesterol, cuando por primera vez este apenas rebasa 5 o 20 miligramos por encima de las cifras normales, que desde el punto de vista de daño clínico no tienen significado estadístico y por tanto no se justifica el costo con el mulo beneficio que proporciona a este tipo de pacientes, siendo necesario tan solo vigilar si continúa elevándose, recomendar realizar ejercicio, disminuir de peso si es necesario ¡Y ya!.

En ocasiones se prescriben hierro o vitaminas, a pacientes con cifras normales de hemoglobina, sin anemia, tan solo porque el paciente, equívocamente cree que las necesita y el médico, para seguir la corriente al enfermo, o aprovechándose del "efecto placebo", omite informar que esas vitaminas que venden a precio de oro, se extraen nada más y nada menos que de las carnes, huevos, leche, frutas, verduras, mariscos, vísceras y otros alimentos que la gran mayoría de los enfermos incluyen en su alimentación diaria. La cultura de los pacientes les hace creer que las vitaminas mejoran el apetito, aumentan el vigor físico, reconstituyen el cerebro en los sujetos ansiosos, mejoran la memoria o la potencia sexual. Todas estas creencias son falsas, sin embargo el consumo de vitaminas es tremendamente exagerado con relación al costo beneficio. En la mayoría de los casos, es totalmente injusta la prescripción de vitaminas.

Injusto es también, proponer cirugías de vesícula, a pacientes con dolor abdominal tan solo porque el estudio de ultrasonido realizado por inexpertos en la materia, reporta lodo biliar, cuyo significado es que se trata de bilis espesa que no tiene porque producir dolor y por lo tanto no justifica el riesgo de una cirugía abdominal.

No es justo que a una mujer de 60 años de edad, tan solo por dolencias musculares probablemente por esfuerzo, le indiquen estrógenos y otras hormonas para la menopausia y la osteoporosis sin ser estas las causas de esas dolencias ya que la osteoporosis produce dolor en caso de complicarse con fracturas de huesos y la menopausia es una etapa normal de la vida que no debe enfocarse como enfermedad. Indicar hormonas puede causar hemorragias vaginales anormales que ponen en peligro la vida sin necesidad.

No es justo, en las personas de la tercera edad, atribuir todas las fracturas de cadera a la osteoporosis, ya que este cambio es normal con el envejecimiento, es la osteoporosis senil que ha estado presente desde el origen del hombre. Los ancianos se fracturan con mayor periodicidad por la sencilla razón de caerse con mas frecuencia que los jóvenes. Los reflejos de los ancianos obviamente son más lentos lo que, ante un tropezón, impide que estos adopten posiciones defensivas a la hora de caer como"matas de plátano" golpeándose precisamente la cadera. Para fines comerciales, se manipula a la sociedad haciéndola creer que tomando calcio, hormonas y otros fármacos, se evitan fracturas, como si estos medicamentos pudieran evitar los tropezones y las caídas de los pacientes.

Mucho muy injusto es además, que a sujetos con ligera elevación del azúcar por primera vez, dos o tres miligramos por encima de las cifras que el laboratorio especifica como límites normales, se les catalogue como diabéticos ya que para establecer este diagnóstico debe medirse el azúcar cuando menos en tres ocasiones diferentes con el fin de eliminar el posible error técnico de la medición del azúcar y así evitar el daño psicológico que se produce al establecer un diagnóstico que para algunos sujetos es tan dramático que hasta piensan en el suicidio.

También es injusto que a las pacientes a las que se les realiza la prueba de Papanicolau vaginal para determinar si existen células cancerosas, se les indique antibióticos, óvulos vaginales antinflamatorios, tan solo porque el citado estudio reporta "células inflamatorias" y "bacterias" sin que la paciente se queje de síntoma alguno vaginal como flujo, prurito o secreción anormal alguna, es decir sin datos de infección. El estudio de Papanicolau vaginal es para determinar si hay o no sospecha de cáncer, los datos de células inflamatorias y bacterias pueden ser normales en la vagina, la cual no es estéril y deben coexistir con datos clínicos francos de infección vaginal para justificar el tratamiento antibiótico. Prácticamente en todos los reportes de Papanicolau se reportan células inflamatorias y bacterias, sin que necesariamente se trate de una verdadera infección.

Otra injusticia que se comete con frecuencia es indicar antibióticos para infección de vías urinarias sin molestia alguna que sugiera infección, basándose exclusivamente en un estudio general de orina que reporta "bacterias positivas", sin tomar en cuenta que puede tratarse de muestra contaminada por bacterias del frasco sin esterilización especial o si es contaminación de la propia orina a su paso por la uretra contaminada por las bacterias de la vagina o de la piel de los genitales de la paciente a la que no se le recomendó que se hiciese un aseo especial antes de la toma de la muestra, para evitar precisamente los reportes falsamente positivos de infección. Es más confiable, económico y menos nocivo solicitar un estudio que se llama urocultivo en un frasco estéril que debe proporcionar el laboratorio con la indicación de aseo genital previo. De esta forma es como se establece el diagnóstico de infección de vías urinarias y se pueden evitar tratamientos innecesarios y costosos, aunque uncultivo positivo no necesariamente afirma una infección urinaria activa.

Así de injustos podemos ser cuando no se tiene meticulosidad en el estudio de los enfermos. Riesgos del oficio..... en perjuicio de los pacientes, por supuesto.

Medicina herbaria.

  • PDF

hierbas-curativas-en-el-vector-de-madera-medicina-herbaria-24030906

STAFF SOLES

Existen motivos sociales, económicos, antropológicos e históricos, por los que la sociedad recurre cada vez más a la medicina herbolaria y otras alternativas. Hay pacientes con enfermedades graves que recurren a la medicina alternativa por desesperación o frustración, insatisfacción, rechazo a la ciencia y la tecnología. Una persona sana puede recurrir a la medicina herbaria porque confía en prevenir futuras enfermedades con algún remedio alternativo o complementario. Los medios de comunicación ejercen una poderosa influencia en el comportamiento de los consumidores haciéndoles creer en su eficacia para todo tipo de enfermedades y en que son completamente inofensivas, lo que no siempre es real.

En cuanto a las encuestas de los consumidores de medicina herbaria, señalan que la mayoría son mujeres, personas con estudios universitarios que ingieren otros fármacos con lo que aumentan las posibilidades de intoxicaciones por interacción entre las hierbas y los medicamentos.

Aunque la medicina herbolaria se ha usado desde hace miles de años, el uso tradicional no es fiable para asegurar su eficacia o su inocuidad ya que no cumple con los requisitos indispensables desde el punto de vista bioestadístico y de metodología de estudios que sirven para evaluar y aprobar el uso honrado de un medicamento. Las publicaciones y conclusiones sobre varios de estos medicamentos herbarios son contradictorias y confusas. Sin embargo, en el momento actual se han sometido algunos estudios a una evaluación estadística y se ha comprobado que algunas hierbas si surten efectos en determinados estados patológicos como la ginkgo biloba para el tratamiento sintomático de la demencia y la claudicación intermitente, dos enfermedades relacionadas con deficiencia en la circulación arterial de cerebro y piernas, pero se duda de su eficacia para el zumbido de oídos en el cual se indica con mucha frecuencia. Ya se ha mencionado en otro comunicado que la hierba de San Juan es eficaz en la depresión leve y la kava kava como tranquilizante suave.

Una de las hierbas más populares de la actualidad es el ginseng asiático. Se recomienda para multitud de padecimientos, como tónico general y para fortalecer el rendimiento intelectual y físico. Según una revisión sistemática de los autores de un artículo de medicina herbaria publicado en las Clínicas de Medicina Interna de Norteamérica, no se han encontrado pruebas convincentes de la eficacia del ginseng. Lo mismo sucedió con el ajo (Allium sativum) promocionado como reductor del colesterol, no se encontraron evidencias estadísticamente significativas de su eficacia clínica. Este hecho no es obstáculo para seguir disfrutando de unos camarones tamiahueros al mojo de ajo, al menos, si no beneficia, tampoco perjudica, el sabor que proporciona a los alimentos, mejora la calidad de vida.

Hay evidencias de algunos efectos tóxicos de ciertas hierbas en combinación con fármacos de patente. Los polvos de raíz de efedra, utilizada para rebajar de peso y para la gripe pueden provocar problemas cardíacos, circulatorios y hasta la muerte. Muchos cuida kilos han "salido por piernas" de diversas ciudades por estas complicaciones. Otras hierbas, pueden provocar hepatitis, lesiones cardíacas, anemia, efectos hormonales, trastornos de coagulación por lo que es esencial verificar los efectos de los fármacos con los que en ocasiones se combinan pensando en que por ser hierbas naturales no tienen efectos tóxicos.

Por otra parte, las preparaciones herbarias se pueden contaminar con metales pesados como el plomo o con microorganismos durante su conservación. En un examen de 319 niños y 2800 adultos de Taipei, se observó que tenían elevadas las concentraciones sanguíneas de plomo en la sangre en relación con la ingestión de hierbas chinas.

Para saber con que frecuencia las medicinas chinas vendidas en Taiwuán eran adulteradas con sustancias terapéuticas, se recogieron 2609 muestras en ocho grandes hospitales generales. Los análisis revelaron la adulteración de 618 muestras (23.7%). Más de la mitad de las muestras adulteradas de medicina china tenían dos o más sustancias adulterantes como el paracetamol para dolor y bajar la temperatura (tempra), hidroclorotiazida (diurético), indometacina (antirreumático), fenobarbital (para epilepsia y sedante) teofilina para el asma y hasta cortisona que se utiliza en varias enfermedades. He aquí el fraude, mezclar hierbas probablemente sin ningún efecto terapéutico con fármacos perfectamente conocidos, para hacer creer al enfermo que es la hierba la efectiva.

No nada más en China soplan vientos de charlatanería, de corrupción y de fraude. En nuestro medio las doce vitaminas esenciales (complejo B, tiamina, piridoxina, vitamina C y otras) las mezclan con sedantes, antirreumáticos, antipiréticos, cortisona, analgésicos y otras sustancias bien conocidas. La gente cree que son las vitaminas las que le calman el dolor, "la reuma", le controlan el sueño o le fortalecen los nervios. Vil engaño. Lo grave de este problema es que son los mismos médicos, incluso afamados especialistas preparados en hospitales altamente calificados académicamente los encargados de prescribir dichas combinaciones y mantener la errónea idea en los ingenuos pacientes que hay una vitamina para todo mal, y hasta ellos mismos las recetan a sus compadres o amigos enfermos.

Es muy complicado orientar, educar y cambiar la mentalidad de cierto sector de la sociedad de lo fraudulento de medicinas cura todo. La propaganda comercial de la industria farmacéutica en los medios de difusión masiva: prensa, radio y televisión es avasalladora y alienante y las 900 palabras de esta columna se convierten en un granito de arena. Es posible que alguno de los dos lectores de esta columna, conservará este granito de arena, con ello la misión de orientar se considera cumplida. La arena es un puñadito, pero hay montañas de arena.

Milagros alternativos.

  • PDF

cielo

STAFF SOLES

La verdadera sabiduría está en reconocer la p-ignorancia (propia ignorancia). Así enseñaba Sócrates.

La ignorancia de nosotros los médicos que ejercemos la medicina oficial, facilita que los enfermos insatisfechos busquen alternativas para curar o aliviar su males y despectivamente se puede caer en la equívoca actitud de tildar de ignorantes a quienes optan por la medicina alternativa.

Bien dice el filósofo de “allá mesmo”, el de Güemez: errar es de humanos, los médicos somos humanos, y si fallamos es más humano echarle la culpa a los enfermos. Y esto es un fenómeno muy común, la mayoría de los diabéticos descontrolados, por ejemplo, son acusados de irresponsables y de no cumplir con las indicaciones médicas, a pesar de ser tan estrictos con la dieta, que algunos de ellos tienen severos grados de desnutrición por cumplir la dieta y restricción de calorías en grado extremo y peligroso.

article-cheat-meal-puedo-tener-un-dia-libre-en-mi-dieta-57b56fd4518f4Un diabético escribió una carta a su dieta: querida dieta, las cosas no van bien entre tu y yo, y sinceramente no creo que lo nuestro vaya a funcionar. No soy yo, eres tú el problema. Eres desabrida, insípida, aburrida y no puedo evitar serte infiel y no puedo seguir contigo, te demando el divorcio.

Esta carta aplica a los cardiacos, a los hipertensos, a los cancerosos y hasta a los inapetentes, a quienes sin apetito para comer, los emplazan a dieta. Imposible cumplir con las restricciones a un diabético: el nutriólogo limita las calorías totales, en endocrinólogo le prohíbe los carbohidratos, el cardiólogo las grasas y el nefrólogo le impide comer carnes rojas. ¿Que cojones come un diabético?

Entre las modalidades de la medicina alternativa tenemos a la llamada Ciencia cristiana, según la cual se han conseguido cientos de curaciones disolviendo la actitud mental que es la causa final de todas las enfermedades, como el cáncer, la difteria, al diabetes, la anemia perniciosa, la meningitis, las úlceras, la inflamación o el dolor. Para los miembros de la ciencia cristiana la enfermedad es un sueño del que el paciente debe despertar y los médicos no deben creer que las enfermedades existen.

En EE.UU. la ciencia cristiana es un sistema de atención sanitaria reconocido. Hacienda permite deducir como gastos médicos las tasas pagadas a los curanderos de esta secta. La razón de este fenómeno, probablemente se debe en parte al poder mágico de la palabra cristiana, y a la magia de la palabra ciencia, pero se debe más a lo mágico de los billetes verdes, los dólares.

No obstante lo anterior, la señora Eddy, fundadora de la ciencia cristiana, no aplicó al pie de la letra su propia doctrina y cuando su esposo enfermó, consultó a un médico, pero ni siquiera los esfuerzos combinados de su secta y de la medicina oficial consiguieron impedir que falleciese a causa de su enfermedad “ilusoria” y ella también se vio en la necesidad de utilizar medicamentos para sus males.

Mark Twain, el filósofo del sentido común, que no es muy común, se preguntaba porqué los miembros de la ciencia cristiana, afirmaban por un lado que todas las enfermedades eran imaginarias y por otro lado rehusaban aceptar cheques imaginarios.

La mayoría de los ejemplos de medicina alternativa son verdaderamente risibles y son muy pocos los que tienen una verdadera relevancia real, por ejemplo en Gran Bretaña, la homeopatía tiene una característica distinta, no tanto por su esencia, sino porque se encuentra patrocinada por la familia real y la ejercen gran número de licenciados en medicina.

Dime quien te patrocina y yo te diré cuánto ganas. Rezaría un refrán. No obstante, cuando se padece de una incapacidad congénita para desarrollar un pensamiento crítico, por muy buen patrocinador que se tenga, y por muchos diplomas de doctorados y maestrías, no se podrá llegar muy lejos. Y ahí tenemos a la “perdición”, digo, selección mexicana de futbol, tiene muy buenos patrocinadores, pero congénitamente no hay criterio para llegar a más. Y bien dice el dicho: nadie está obligado a más cuando hace lo que puede.

Algunas personas evalúan las terapias alternativas no por sus resultados, sino porque a ella recurren personajes famosos de la farándula o por su poder político o económico, generalmente aquejados de trastornos psicosomáticos pues los poderosos también sufren.

_¿Como ve Doc Kiske, si voy a un centro de cirugía invisible para que me trasplanten células madre de páncreas para curar mi diabetes? ¡Es que ahí está yendo “fulanito de tal”!

Así argumentan algunos enfermos, ignorando que el poder y el dinero no eliminan la p-ignorancia (pinche ignorancia).

La mayoría de los trastornos que resuelven las terapias alternativas son trastornos psicosomáticos en general y esos se pueden resolver espontáneamente en días horas o semanas y la efectividad de la medicina oficial o de la alternativa, la mayoría de las veces son coincidencias con el proceso natural sanador de cada cuerpo humano, el efecto placebo natural.

Ahora bien, las propaladas curaciones milagrosas de cáncer por ejemplo, las más espectaculares por su naturaleza, o bien se tratan de errores garrafales en el diagnóstico por parte de la medicina oficial, o porque esos cancerosos han sido sometidos a los modernos tratamientos, añadiendo lo alternativo, o porque aunque el diagnóstico sea exacto de cáncer, el tumor está encapsulado y tiene poco poder de diseminación y permanece sin manifestarse por la naturaleza propia del tumor. Y si hay evidencia de alguna mejoría real, será en los efectos psicológicos que provoca la palabra cáncer, muchas veces más agresiva que el cáncer por si mismo

Ejemplo de esto es el cáncer de próstata, un cáncer indolente, flojo o “huevón”, que puede permanecer encapsulado por muchos años sin tratamiento y sin avanzar o evoluciona muy lentamente, pero si se someten a castración quirúrgica o farmacológica, se atribuye el éxito a estos procedimientos. Ahora imaginemos el gran éxito, si en vez de esa castración se recurre a alguna modalidad de las terapias alternativas, coincidentemente “se curan”. En realidad el cuerpo, allá en sus entrañas, se defendió con sus recursos naturales.

Así es de maravillosa nuestra fisiología humana, siempre tiende a curarnos, con médico, sin médico y a pesar del médico.

Así se forjan los mitos y los milagros.

También te puede interesar: