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miércoles, 24 abril 2019

Dr. Kiskesabe

Tos nerviosa.

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tos

STAFF SOLQR.- Un jovial campirano solicitó mis servicios con el fin de confirmar si debía extirparse las amígdalas, proposición sugerida en varias ocasiones para resolver su tos de varios años de evolución durante los cuales había recibido múltiples tratamientos para infección de amígdalas y según el enfermo, no se había controlado de este mal.
Su narración se remontó a 5 años antes en que empezó a trabajar como empleado en un ambiente con mucho ruido. Mencionó que siente como un polvillo en la garganta que le da comezón que despierta el reflejo de la tos con expulsión de flemas blancas transparentes. Esto le sucede en las mañanas, al levantarse y en ocasiones durante el resto del día. Esta sintomatología calma y desaparecer por algunos días o semanas con o sin tratamiento y recae nuevamente.
Ha recibido infinidad de antibióticos, antihistamínicos para gripa, derivados de la cortisona, medicamentos para alergias y para asma bronquial y sigue igual.
Expuso además que le han solicitado varios estudios de cultivo de exudado faríngeo y le han dicho que tiene un bicho en la garganta el cual no ha sido posible eliminar con los tratamientos recibidos.
En esta ocasión, espontáneamente, él solicitó un estudio de exudado faríngeo para acudir a consulta. Era positivo a una cepa de estreptococo para la cual le habían indicado millones de penicilina en varias ocasiones y en varios estudios esa bacteria seguía presente.
Al interrogarlo llamó la atención que sus molestias se presentaban durante el día, ya que dormía como "niño Dios" según su expresión. La tos nunca se presentaba de noche. Únicamente cuando estaba despierto. Otro dato importante es que la flema era de color blanco transparente, como saliva o mucosidad. Nunca esa flema o expectoración fue verde amarillenta (purulenta) sugestiva de infección bacteriana. Tampoco había fiebre.
La exploración de la garganta efectivamente mostró ambas amígdalas aumentadas de volumen en forma moderada, de coloración normal, sin huellas de material purulento, ni ulceraciones que sugirieran una infección activa aguda. Las amígdalas estaban crecidas como consecuencia de viejas cicatrices de infecciones previas que cualquier mortal ha padecido en diversos momentos de su vida.
No había una sospecha clara y precisa para indicar la extirpación de amígdalas, la cual debe realizarse cuando se complica con infección de oídos (otitis), presencia de abscesos purulentos en la garganta y ulceraciones que no ceden con antibióticos, o interferencia de la respiración por obstrucción de la parte posterior de la nariz como consecuencia de aumento de volumen de las amígdalas (hipertrofia).
Se concluyó que las amígdalas no eran la causa de su tos ni de la sensación de polvillo en la garganta. Tampoco la presencia del estreptococo en el cultivo de exudado faríngeo al cual se consideró como flora normal en la garganta, a la que es imposible esterilizar. Se aclaró que si se hacía un cultivo de exudado diario, casi el cien por cien resultaría positivo para esa y otras bacterias que se consideran como bacterias normales en la garganta.
La mejor manera de certificar una infección de vías respiratorias altas (garganta) es con datos clínicos propios del paciente. No es con el cultivo faríngeo. Este puede confundir.
Pero al enfermo le interesaba saber pues, a que se debía su tos y que debía hacer para suprimirla pues ya había probado además todo tipo de jarabes y remedios caseros para la tos y... nada.
He aquí la versión médica que le expuse:
La tos, desde muy particular punto de vista era de origen nervioso, como si fuera un tic nervioso. No le cuadró muy bien esta opinión. Abundé aún más.
He observado muchos casos clínicos como el de este sujeto, quejándose de sensación de polvillo en la garganta, o como "garraspera" como si les diera comezón y que se acompaña de tos la cual puede ser espontánea o intencional con el fin de eliminar esa sensación de flema pegajosa que algunos mencionan, pero estos casos no se han acompañado de francos síntomas de infección bacteriana como se mencionó en párrafos previos y por tanto no se han encontrado elementos suficientes para determinar que deben operarse de amígdalas.
Le hice ver al enfermo durante la entrevista que se prolongó durante unos 45 minutos, que en ningún momento presentó accesos de tos como para pensar en una infección, alergia o bronquitis crónica, ni siquiera es fumador. También se informó que el estrés o la ansiedad se manifiesta de diferentes maneras y una de ellas es aumentando la secreción breve de flemas en los bronquios o de saliva en la boca y que efectivamente, puede desencadenar el reflejo de la tos sin que por este dato aislado se pueda establecer el diagnóstico de infección. También se mencionó que no era posible que padeciera una infección tan prolongada y que pudiera dormir como niño Dios. Las infecciones de garganta producen molestias tanto de día como de noche. Además una infección de garganta durante cinco años habría provocado complicaciones en otros órganos como oídos y bronquios y él no tenía alteraciones en órganos vecinos.
Después de esta y otras observaciones que por el momento escapan a mi memoria, finalmente reconoció que era muy nervioso, muy "preocupón", y que probablemente había razón para confiar en mi versión interpretativa de los hechos que mencionaba.
Decidió seguir mis directrices de tratamiento.
Un mes después, tosía ocasionalmente, al menos ya no le daba la importancia tan desmedida. Comprendió el origen de su mal. No era grave. No era mortal. No era quirúrgico. Saber esto lo tranquilizó. Sigue durmiendo como niño Dios.

Medicina preventiva o medicina pervertida.

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medicina preventiva

En el momento actual la comercialización de la profesión médica ha llegado a un grado tal, que los enfermos pueden ser víctimas de campañas eminentemente comerciales disfrazadas de medicina preventiva con fines perversamente lucrativos, que se traducen en grandes ganancias para la industria farmacéutica trasnacional, de las que en no pocas ocasiones e inadvertidamente los médicos nos convertimos en sus principales promotores, si recetamos indiscriminadamente los productos que promocionan en los medios de comunicación y con variadas formas de mercadotecnia utilizando la tecnología de punta como el espacio cibernético, con un alto poder de penetración y de manipulación psicológica de grupos sociales, sin importar sus creencias políticas, religiosas, económicas y culturales.
Lo anterior se manifiesta en una gran carga de angustia para ciertos grupos humanos hacia los cuales se dirigen los comerciales con un gran poder de penetración en la mentalidad y la conducta. Por ejemplo, de las mujeres en época biológica normal de la menopausia, que llegan a considerar que esta etapa es una enfermedad, para la cual se deben tomar hormonas femeninas (estrógenos), calcio en tabletas, fármacos para la circulación, para el colesterol, para los bochornos, etc. por todos los días de su existencia.
He percibido pacientes que acuden espontáneamente a la farmacia a comprar medicamentos para el colesterol, para la osteoporosis, para la menopausia. Algunos se basan en los informes televisados o publicados en la prensa escrita. Otros, por información de médicos generales, especialistas en Medicina Interna o cardiología, los menos, por que lo vieron en Internet o porque se los recomendó la comadre, la vecina de enfrente, el peluquero o la modista de la esquina.
De cualquier forma, muchas de estas medidas "preventivas" con medicamentos son exageradas, injustificadas, costosas y algunas más peligrosas que la supuesta prevención para las que se prescriben. La medicina preventiva ideal, no se basa en ordenar fármacos, sino en educar con el fin de modificar hábitos de higiene, de alimentación, de ejercicio y de trabajo, y esencialmente acciones políticas de higiene medica social: drenajes, pavimentación, y otros etcéteras. La medicina preventiva debe ser al menor costo y riesgo posibles. La medicina preventiva es la auténtica medicina social, con base en políticas médicas determinadas por el sistema gubernamental, libre de influencias lucrativas.
La aplicación de vacunas es una de tantas acciones preventivas, pero no es el total. La vacunación previene una mínima cantidad de enfermedades, no más de diez: la polio, el sarampión, la difteria, el tétanos, entre otras. Pero no hay vacunas definitivas, para la diabetes, el infarto, la cirrosis hepática, arteriosclerosis, embolia o trombosis cerebral, gripe, tuberculosis, infecciones intestinales, o para el cáncer, por mencionar algunas de las principales causas de muerte en el momento actual.
En nuestro medio no existe una auténtica medicina preventiva. Esta no puede florecer donde hay analfabetismo, desnutrición alimenticia y cultural, donde hay corrupción ¿y dónde no hay?. La gran mayoría de los diabéticos por ejemplo, después de haber tomado tal o cual fármaco durante varios meses e incluso años, no recuerdan el nombre comercial o genérico de lo que ingieren. Le tienen pavor al azúcar, sin saber que es esencial para el cuerpo diabético o sano. Desconocen que la diabetes se debe a una deficiencia de insulina que se forma en el páncreas. Creen erróneamente que ser obeso es igual a ser diabético o que por el hecho de tener un familiar diabético, ellos forzosamente padecerán la enfermedad. Desconocen que la alimentación del diabético debe ser la misma que para una persona sana: balanceada en calidad y cantidad de calorías en función del peso ideal del sujeto en cuestión, de ahí el temor horroroso a la palabra DIETA, que debiera estar proscrita en el tratamiento del diabético.
La falta de orientación y de educación cotidiana y masiva en clínicas y hospitales públicos y privados, escuelas y universidades, centros laborales y recreativos propician que la sociedad en general maneje ideas erróneas, miedos y temores infundados. Por algo se dice que el miedo es producto de la ignorancia, y ésta, madre de muchos vicios y maldades.
Hay pacientes que por la información comercial toman una pastilla de aspirina para "prevenir el infarto" sin tener los factores de riesgo como obesidad, presión alta, diabetes, tabaquismo para tal padecimiento, sin pensar en el riesgo de una hemorragia gástrica por la lesión del ácido acetilsalicílico que contiene la popular tableta de aspirina. Mujeres que ingieren tabletas de calcio "para prevenir la osteoporosis", sin estar al tanto que les puede provocar cálculos en los riñones o se automedican con hormonas femeninas (estrógenos) sin saber que les puede acelerar un cáncer de mama o aumentar el riesgo de trombosis o embolia cerebral o en las piernas en caso de padecer de várices o de provocar hemorragias anormales en matriz.
He tenido la pena de haber descubierto varios casos con este tipo de complicaciones, innecesarias si con juicio y raciocinio se eligen las medidas preventivas básicas para la mayoría de las enfermedades: hábitos y costumbres sanas en cuanto a la alimentación balanceada, mantenerse en el peso ideal de acuerdo al sexo, edad y estatura corporal, ejercicio aeróbico regular como la caminata. Estos hábitos, sencillos, baratos e inofensivos son fundamentales para prevenir o retardar o incluso ayudar a controlar enfermedades ya establecidas tales como: osteoporosis, hipertensión arterial, obesidad, estrés, colesterol alto (hipercolesterolemia), infarto del corazón, trombosis o embolia cerebral, diabetes, enfisema pulmonar, infecciones renales o respiratorias, trastornos digestivos como el común estreñimiento, depresión, ansiedad, por mencionar las quejas más frecuentes que padece la sociedad.
Incomprensiblemente hay enfermos con los padecimientos mencionados a los que les han prohibido hacer el mínimo ejercicio injustificadamente, con la distorsionada orientación corren peligro de empeorar, siendo más fácil y cómodo para el médico establecer tales limitaciones sin medir el daño psicológico que se produce ante tales medidas.
En resumen, debe quedar bien claro que la medicina preventiva, en general, no debe fundamentarse en fármacos. De ser así, el precio de llegar a la tercera edad será para ingerir medicamentos.

OBESIDAD Y SEXO

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obesidad sexo
Si un sujeto excedido de peso leyera en alguna revista que los hombres obesos corren más riesgo de sufrir impotencia sexual o disfunción eréctil, seguramente se desesperaría por bajar de peso y le entraría al gran negocio de las dietas de reducción.
Precisamente en una investigación financiada por la sociedad americana del cáncer, realizada en dos mil hombres de edades comprendidas entre los 51 y los 88 años, los resultados reflejan que aquellos cuya cintura supera un metro, tienen casi dos veces más riesgo de padecer disfunción eréctil que los varones cuya cintura mide unos 80 centímetros. El estudio también apunta que los hombres inactivos tienen más probabilidades de sufrir disfunción eréctil que los que hacen ejercicio al menos 30 minutos diarios.
Noticias de este tipo pueden hacer que los hombres obesos participen en el gran negocio de las dietas de reducción cuya principal clientela hasta el momento son las mujeres, primordialmente antes del verano caliente. Con la finalidad de lucir esbeltas en las calurosas playas, se aplican todo tipo de terapias y dietas para reducir unos cuantos o muchos kilos en pocos días. Miles de personas agobiadas psicológicamente por el exceso de peso, cumplen los rituales dietéticos más extravagantes con la esperanza de que a los 50 o 60 años algún fotógrafo las promueva para concursos de belleza o para adornar la portada de alguna de las tantas revistas que se dedican a promover ilusiones. Finalmente se dan cuenta y comprueban que siguen igual de obesas.
Lo ideal es seguir una dieta equilibrada, que le haga perder peso sin pasar hambre, sin tener que engorrosamente pesar la comida en gramos ni hacer recuento de calorías, y mucho menos ingerir pastillas diuréticas engañosas o anfetaminas disfrazadas de pastillas naturistas, comiendo sanamente y sin pasar privaciones. En otras palabras, una alimentación fisiológica, sin riesgos.
Este ideal es muy difícil de cumplir en parte si el médico desconoce la fisiología y metabolismo de los nutrientes básicos, las necesidades fisiológicas diarias de calorías y si omite determinar el estado anímico del enfermo o el modo de ver la obesidad y de investigar el porqué el paciente desea bajar de peso: por salud o por vanidad. En esta disyuntiva radica gran parte del éxito o el fracaso para bajar de peso. La sicología del que desea bajar de peso. Un verdadero dilema médico.
La mayoría de los obesos desean bajar de peso con una receta o dieta mágica, sin hacer el menor esfuerzo. Estas no existen. Siempre se necesita la comprensión y la colaboración del enfermo. Sin esto, el fracaso es seguro.
Detrás de la obesidad existen factores genéticos (no modificables) que predisponen a una mayor cantidad de adipocitos, las células que almacenan grasa en todo el cuerpo ante el exceso de la ingestión de alimentos ricos en calorías como los carbohidratos (harinas, masa, sus derivados y semejantes) o las grasas principalmente de origen animal que además son abundantes en colesterol saludable.
Además de los factores biológicos que no se pueden modificar de ninguna forma, se añaden los factores psicológicos. Muchos obesos ingieren abundantes calorías como respuesta al estrés. En el cerebro existe un centro del hambre y otro de la saciedad. Funcionan automáticamente como los termostatos de un automóvil. Las tensiones por conflictos familiares, laborales o económicos, descontrolan la armonía entre estos centros provocando el aumento del apetito, generalmente en alimentos ricos en calorías, cuyo exceso, se almacena en forma de grasa. Si el enfermo rechaza esta relación entre estrés y obesidad, lo cual es habitual, el fracaso en el tratamiento es inminente.
Las costumbres nutritivas de cada familia también favorecen el desarrollo de la obesidad. No es casual que en las regiones donde se consumen, enchiladas, estrujadas, garnachas, tacos, tamales, tortillas, tostadas, tecates y todos los alimentos con "VITAMINA T" y mínimo o nulo ejercicio físico, la población esté excedida de peso. Lograr que la familia advierta esta influencia y modifique sus costumbres nutritivas excesivas es un verdadero reto médico.
Por otra parte, existen patriarcas o matriarcas, que por prejuicios sociales y culturales o el "que dirá la gente", forzan a su prole, desde niños, a ingerir alimentos ricos en calorías (vitamina T) para que se vean gordos, llenos de vida según los papás, como símbolo de triunfo y poder económicos ante el temor de ser criticados de tacaños, pobres o miserables si sus hijos se mantienen en el peso normal, que para esos miembros de la sociedad son delgados y desnutridos y faltos de cuidado por parte de sus padres. Así empieza la fábrica de gordos en que se ha convertido gran parte de la sociedad, principalmente la urbana que ha disminuido el ejercicio, fundamental para consumir y quemar las calorías excesivas en los alimentos ingeridos.
Contra todo esto debe luchar el médico y el enfermo para entender, comprender y tratar razonablemente la obesidad sin que el paciente se exponga a peligrosas dietas o medicamentos más tóxicos que benéficos. Duro compromiso para la relación médico paciente.

MIEDO A LA LIBERTAD

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STAFF SOLES

Este es el título de un libro escrito por Erich From, psiquiatra contemporáneo de Segismundo Freud. En dicho libro se compara al ser humano con el experimento de unos pájaros en cautiverio, al inicio del cual constantemente se golpean en la tela de la jaula hasta lesionarse las alas, buscando la libertad. Con el fin de liberarse son capaces de morir. La jaula es tan resistente que al cabo de cierto tiempo se dan por vencidos y dejan de luchar ya que en la jaula tienen comida, nido, cuidados especiales, procrean polluelos. Después de cierto tiempo les abren la jaula y con miedo se acercan a la puerta abierta a la libertad y ninguno de ellos es capaz de abandonar la jaula. Tuvieron miedo a ser libres

En la vida cotidiana existen muchos seres humanos que viven con miedo a la libertad. Además existen casos clínicos que acuden a consulta buscando curación farmacológica de sus quejas corporales, cuya causa es precisamente EL MIIEDO A LA LIBERTAD, la cual no se resuelve con una píldora milagrosa, una receta mágica o lámpara de Aladino.

Una mujer de 40 años se presentó a consulta con datos francos de depresión nerviosa: fácil llanto, tristeza, pensamientos negativos y suicidas, entre otros síntomas sicológicos. Pero además, había consultado múltiples médicos por síntomas físicos tales como adormecimiento de manos y pies, entumecimiento de los brazos, palpitaciones cardíacas, dolores en cuello, espalda y garganta sin causa aparente. Diversos estudios de laboratorio, ultrasonido y rayos x fueron normales o negativos. Presión arterial normal. Recibió infinidad de medicamentos antirreumáticos, analgésicos, sedantes, para fiebre tifoidea, para la presión y para el corazón, antibióticos, para la circulación, sin mejoría alguna

En resumen, físicamente no había datos de enfermedad estructural de algún órgano específico o localizado, sus síntomas eran difusos, confusos y cambiantes. Estas características precisamente encajan en patología del sistema nervioso como la depresión nerviosa con síntomas de sufrimiento físico y mental.

Pero había que ponerle apellido a la depresión nerviosa, es decir, tratar de establecer los factores causales de la misma. La depresión nerviosa tiene factores biológico genéticos internos o endógenos propios de la persona que se suman al conjunto de factores sociales, culturales, religiosos, políticos, económicos (marco conceptual) que desatan la enfermedad neurológica con sus manifestaciones clínicas en diversos órganos y sistemas.

El ambiente social en el que se desarrolló la enfermedad de esta paciente, someramente era el siguiente: originaria de una comunidad rural con las características culturales de nuestra región, creyente en los principios Cristianos y Guadalupanos de pecado, castigo y sentimientos de culpabilidad; escolaridad, 2 años de primaria; nulo hábito de lectura, televidente de novelas tipo canal de las estrellas y fuerza informativa, principalmente los populares talk sows, maltratada psicológicamente desde la infancia hasta el momento actual por un padre alcohólico consuetudinario (cotidiano), experiencias visuales desde su infancia de madre abnegada, aguantadora, sufridora y golpeada por su padre alcohólico (el de la paciente) y con maltrato psicológico o verbal hasta el momento actual. Nueve hermanos más, que ya emigraron del hogar, con las mismas vivencias de las cuales ya se liberaron parcialmente. Ella, a sus 40 años de edad todavía vive en el mismo medio familiar de su infancia.

Manifestó que desea salir de su "hogar", mejor dicho de su casa, porque –"ya no aguanta a su padre, ya no se siente a gusto en su casa por el trato que reciben ella y su madre".

Apareció un llanto espontáneo y dramático, bueno, ni tan espontáneo, ya que sus trágicas y habituales experiencias pocos mortales las resisten sin alteración de su equilibrio emocional.

Después de un profundo sollozo, dejó de llorar y espetó:

–"Pero adoro a mi papá y a mi mamá y a ella no la puedo dejar sola, los quiero mucho y uno de mis nueve hermanos me ha dicho que yo debo quedarme, que no los debo abandonar y no puedo dejarlos. Además, no sé que voy a hacer yo sola sin ellos"—

Su rostro mostró un gesto de miedo y desasosiego ante la idea de alejarse de sus padres a los que tanto quiere a pesar del maltrato que aun sufría.

En sicología de la comunicación se recomienda interpretar el lenguaje cifrado u oculto que encierran las palabras, el tono y las modulaciones de la voz, y los gestos corporales visuales de los pacientes. Es obvio que esta paciente está atrapada en relaciones destructivas familiares, hecho muy común en nuestro entorno social, producto de la historia de nuestros pueblos.

De acuerdo con mis experiencias personales parece ser que esta paciente tiene miedo a la libertad pues me comentó posteriormente que una de sus hermanas le ha sugerido que se vaya a vivir con ella lejos de su lugar de origen. Sin embargo, la paciente insiste en que le preocupa que sus padres se queden solos a pesar de su estado físico normal y su edad no muy avanzada. Válido y respetable es el cariño que profesa a sus padres. Le comenté que los medicamentos únicamente pueden controlar algunas molestias físicas pero que no resolvería los factores causales principales por lo que debía tomar una decisión con respecto a su vida: alejarse de su hogar o aprender a aceptar a sus padres tal cual son, a sabiendas de los efectos nocivos en su estado anímico. Esta decisión es de su responsabilidad. Paradójica situación humana, tener que eliminar el miedo a la libertad.

En estos casos se puede recurrir técnicas de terapia familiar, de las cuales no tengo experiencia y todavía no son muy socorridas en nuestro medio y a las que los pacientes sienten todavía un rechazo propio de nuestro entorno cultural plasmado de prejuicios sociales. Los medicamentos calman algunas de las molestias físicas y nada más.

DR. KISKESABE; PROHIBIDO PROHIBIR.

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STAFF SOL QUINTANA ROO

El entorno cultural del médico y el enfermo, sus costumbres y sus creencias son trascendentes en el manejo de los problemas médicos, ya que influyen en el éxito o el fracaso del tratamiento de la gran mayoría de los problemas médicos que se nos presentan.

Un hecho muy frecuente que se encuentra en la gran mayoría de los pacientes es el sometimiento a una serie de prohibiciones sin fundamento alguno, tabúes que la mayoría de las veces empeoran la calidad de vida psicológica y social repercutiendo hasta en las relaciones interpersonales familiares o laborales.

Muchos enfermos dejan de comer carne de puerco cuando les prescriben medicamentos aunque su aparato digestivo se encuentre en buenas condiciones. Dicen que “la carne de puerco es muy dañina y que hace mal con los medicamentos” Esta decisión puede ser espontánea o por prescripción médica. Si un paciente no tiene patología digestiva, no hay motivo para prohibir la carne de cerdo ya que esta es un alimento más, de entre muchos. Cierto que la carne de puerco es de más difícil digestión por la mayor cantidad de grasa que contiene en comparación con las carnes blancas. Deben disminuir su ingestión los obesos o los enfermos con trastornos digestivos como gastritis o colitis. La mayor parte de las ocasiones en que se prohíbe a los enfermos, no existe justificación alguna. Lo más grave es que los pacientes no reciben explicación razonable alguna del porqué de la prohibición. Si cuestionan al médico que hace tal prohibición, simplemente no reciben una respuesta razonable.

Otra idea muy arraigada y que no tiene fundamento es la exclusión de grasas y principalmente aguacate en la alimentación de los enfermos que padecen de cálculos en la vesícula. Se cree que las grasas y el aguacate desencadenan el dolor en los enfermos de la vesícula. Esto es a todas luces falso. Los cálculos en la vesícula casi siempre se diagnostican por la presencia de dolor. Este se presenta cuando los cálculos cambian de posición y se atoran en la salida de la vesícula, obstruyendo el conducto de salida (cístico.) Para que se formen cálculos mayores de medio centímetro de diámetro que son los que dan molestias, deben pasar varios años, de tal forma que cuando se detectan, en realidad llevan varios meses o años presentes sin haber molestado. ¿Cuántas veces los enfermos han comido grasas o aguacate durante los meses previos al evento doloroso en que ya contaban con los cálculos, sin que la ingestión de tales alimentos les hallan causado dolor?... Leer Más en nuestra Sección Medica en www.solqr.com.mx

Por otra parte, con el advenimiento del ultrasonido en las últimas dos décadas, se solicitan estudios de hígado o de riñones durante los cuales, de paso, se observa la vesícula puesto que es vecina de los citados órganos y fortuitamente o en forma accidental, se detectan cálculos en la vesícula sin que el paciente ni el médico tengan la menor sospecha de su presencia. Nuevamente ¿Cuántas veces estos enfermos han ingerido grasas o aguacate o leche sin que hayan presentado el temido dolor de la vesícula?. Esto prueba que el temor a que las grasas o el aguacate causen directamente el dolor, es falso. Es posible que haya coincidencia entre el dolor y estos alimentos, por la frecuencia con que se ingieren ¿Cuántos sujetos sanos o con cálculos inadvertidos ingieren grasas o aguacates o leche?. Todos. Algunos pueden quejarse de dolor sin cálculos en la vesícula y otros con cálculos pueden no sentir el dolor. De todo lo anterior, se deduce que la prohibición de los multicitados y ricos alimentos como el aguacate, corresponde exclusivamente al cuerpo de cada individuo si este los rechaza y que no deben prohibirse por regla en los enfermos de vesícula.

También es frecuente observar enfermos que no comen carne cuando se quejan de dolores musculares o artríticos, tanto por prohibición de sus médicos tratantes o por las ideas y creencias populares de que las carnes rojas causan artritis. Falso casi en su totalidad, ya que las principales causas de artritis no tienen relación alguna con la ingestión de proteínas tal es el caso de la artritis más frecuente, la degenerativa o propia de la tercera edad que nada tiene que ver con las carnes. Igual sucede con la artritis reumatoide, poco frecuente. La única artritis que tiene relación con las carnes rojas y las vísceras (ricas en purinas), es la artritis gotosa o por ácido úrico. Esta artritis es poco frecuente y casi exclusiva del hombre, extremadamente rara en la mujer. En el momento actual la dieta para estos enfermos no debe ser tan estricta ya que existen medicamentos para disminuir el ácido úrico que permiten una dieta más liberal que antaño. Por lo anterior, la mayoría de las veces en que se prohíbe la carne por dolencias musculares o artríticas, es injustificable.

Estas y otras creencias que carecen de fundamento, lo único que producen es empeoramiento de la calidad de vida psicológica de los enfermos, creencias que desgraciadamente transmiten a otras personas sugestionables que las aplican a través de generaciones. Muchos médicos también por costumbre, aplican estas creencias, sin contar con los conocimientos básicos de fisiología humana para desecharlas y de esta forma orientar y educar a los enfermos al establecer prescripciones razonables y lógicas, acordes con la realidad particular de cada paciente.

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