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viernes, 22 marzo 2019

Dr. Kiskesabe

Naranjas y presión alta.

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En los últimos meses se han presentado varios pacientes muy semejantes entre sí, tanto en los síntomas que los aquejan así como en sus posibles causas.

Se trata principalmente de hombres, entre los 40 y 60 años de edad, quejándose de dolores de cabeza, mareos, palpitaciones en el pecho, algunos con dolor en el brazo izquierdo y en el área cardiaca, como opresión, o como si tuvieran un globo atorado que en ocasiones les corta la respiración. A otros se les va el sueño y se la pasan dando vueltas en la cama durante varias noches seguidas.

Uno de estos pacientes se presentó sumamente asustado porque el dolor del pecho era muy frecuente y le preocupaba mucho padecer del corazón. Recordó que su padre de 80 años murió de un paro cardíaco. Aumentó su miedo a morir del corazón a sus 45 años. Para su fortuna, los datos clínicos del dolor del pecho no eran propios de corazón ya que le aparecía en reposo, a diferencia del dolor cardíaco que aparece casi siempre en relación con el esfuerzo. Se le hizo un estudio electrocardiográfico de corazón y resultó normal. No fumaba, ni bebía alcohol, no practicaba ningún deporte, su vida era solo para trabajar. Estaba en su peso normal y sus estudios de sangre como el colesterol, triglicéridos, azúcar eran normales. No había causa evidente para explicar sus quejas.

Otro paciente se presentó inquieto porque le había subido la presión arterial hasta 160/110. Era la primera vez que le subía, Le dijeron que era muy grave, le aplicaron una tableta sublingual y le indicaron que hiciera su testamento porque podría morir en cualquier momento de un infarto o de una hemorragia cerebral. Sin embargo, sus estudios de sangre: azúcar, colesterol, triglicéridos, salieron normales. Una radiografía de tórax mostró el corazón normal. Un electrocardiograma también fue normal. Aparentemente estaba sano, al menos físicamente. La presión se normalizó rápidamente.

Un tercer caso se presentó con dolor de cabeza intenso, lo tuvieron que inyectar en la vena, le indicaron tratamiento para la presión alta, a pesar de que cuando tenía el dolor de cabeza su presión era normal, de 130/80, según el paciente, su médico le indicó tratamiento para evitar que le subiera la presión ya que esta podría ser la causa de su dolor de cabeza, que probablemente en su casa le había subido pero que en el momento de la consulta ya se había normalizado. Cuando se presentó a consulta con este médico tecleador, la presión arterial era baja, con 90/60, tenía dolor de cabeza pero ahora como consecuencia de intoxicación con medicamentos para la presión alta. Estaba excedido de dosis.

Lo que tenían muy en común estos tres pacientes es que eran originarios de varias de las zonas naranjeras vecinas de esta ciudad. Algunos de ellos participaron en la manifestación de tirar su cosecha en protesta por el bajo precio de su producto. Les resulta más barato dejarla caer que cortarla y venderla. Apremiados por las deudas, con hijos estudiando fuera de su lugar de origen, con la gasolina aumentando cada mes, y actualmente con el pavor que inspira la sequía y el hecho de que son monoproductores, no porque críen monos, sino por que a la tierra le siembran solo un producto como la naranja, por lo que no cuentan con otra fuente de ingresos, todo esto los conduce a un estado de angustia y ansiedad ante el futuro económico incierto, que les quita el sueño, el insomnio produce agotamiento y cansancio cerebral, lo que aumenta el estrés nervioso y con ello la liberación de adrenalina, una de las hormonas responsables de las manifestaciones de molestias físicas, se hace un círculo vicioso interminable que se manifiesta en sufrimiento físico con cambios normales en la presión arterial, el dolor de cabeza o del pecho, entre otros.

Uno de los enfermos a los que les expliqué la forma en que el precio bajo de la naranja era una de las causas de sus males me cuestionó acerca de porque uno de sus compadres que estaba peor de endeudado que él, no se veía enfermo, sino por el contrario, tal parecía que no debía nada y que no tenía ningún problema. La respuesta es que cada sujeto es diferente. Ante el mismo estímulo, cada individuo reacciona de acuerdo a sus genes, su propia personalidad y carácter, su educación su cultura y su forma de ver la vida y sus problemas.

Otro me preguntó si había alguna medicina para resolver sus males desde la raíz. Le informé que en cuanto suba el precio de la naranja probablemente sus males desaparecerán como por arte de magia, Estos problemas no se pueden resolver con farmacia.

Mientras tanto, a estos pacientes se les orientó lo más amplio posible que para el estrés producido por el precio bajo de la naranja, por el momento solo con dosis mínimas de relajantes no sedantes podría ayudarles a controlar sus síntomas, esperando que mejore la economía y con ello su salud mental.

Pariendo chayotes.

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Un paciente amigo mío, en alguna ocasión me planteó un problema médico y le tuve que decir: _¡Ahora si me pusiste a “parir chayotes”

_¿Qué es eso?. ¡Esa no me la sé!. _Me cuestionó.

_¡Pues nada más imagínate el parto de un chayote! . _Le contesté y se soltó la carcajada, descubriendo el significado del viejo refrán popular, producto de los incontables filósofos que se encuentran en todos los rincones de nuestra campiña mexicana.

Los refranes populares son precisamente producto de la gran capacidad de observación y de interpretación de la realidad y del ingenio que tienen muchos de los cerebros de nuestro pueblo sin que necesariamente hayan sido barnizados en los grandes centros académicos y sin contar con títulos universitarios.

En el ejercicio de la medicina con frecuencia se presentan casos peliagudos por su rareza o porque nos falta la experiencia, en los que a veces no se les encuentra pies ni cabeza ante lo cual debemos tomar una decisión profesional de informar al enfermo y sus familiares si podemos resolverlo o debemos enviarlos con otros colegas expertos en el tema.

En una ocasión se presentó una paciente con una queja que me puso a parir chayotes por la dificultad que hubo para hacerla comprender a ella y a su esposo del origen del posible origen de su mal:

_Mira Doctor. Ya me hicieron unas radiografías de mi espalda y quiero que me digas que tengo. Es que mira. Siento como frío en la espalda. Como un frío que me corre hasta la nuca y no se me quita, no se me quita, aquí lo tengo. _Expresó con cierta inseguridad una mujer de unos 50 años, campirana, sin ningún grado de escolaridad, señalando la espalda con las manos, con la mirada dirigida hacia su esposo como buscando apoyo y protección, repitiendo varias veces en forma compulsiva la misma queja de frío en la espalda sin que en ningún momento me dirigiera la vista durante unos cinco largos minutos en que la escuché libremente para decirme lo mismo, por lo que opté por interrumpir para preguntar:

_Si, señora, ya escuché su queja. ¿Tiene alguna otra molestia que decirme?.

_No, Doctorcito. Es ese frío en la espalda que no se me quita, no se me quita. _Volvió a repetir la obstinada paciente.

_¿Ese frío en la espalda le impide comer, o dormir, o le impide hacer sus quehaceres de la casa?. _Pregunté con el fin de valorar el grado de repercusión que este frío en la espalda, producía en su calidad de vida.

_No médico. _Terció su esposo que estaba atento al interrogatorio._Si viera que anda como hormiga “parriba y pabajo”, no para, yo le digo que descanse y en la noche duerme como bendita. Desde las cinco de la mañana anda trajinando sin parar hasta en la noche.

De las escasas ocasiones en que pienso juiciosamente, presumí que ahí estaba la clave para explicar la espalda fría de esta trabajadora mujer y continué preguntando:

_¿Siente dolor en su espalda, o adormecimiento o como entumecimiento y como si le estiraran el cuero o como si la hubieran apaleado?. Dígame, más de lo que siente. _Insistí tratando de obtener mayores datos para establecer un diagnóstico algo razonable.

_Nada de eso siento, Doctorcito. Es un frío en la espalda que no se me quita. Mire ya me han dado varias recetas. _Dijo mostrándome varias recetas las cuales revisé. Encontré varios calmantes del dolor incluso le habían indicado unas ampolletas con derivados de la cortisona (solumedrol y alin) lo que reflejaba que los médicos que había consultado también habían parido chayotes para comprender la fría espalda de la paciente. Revisé también una radiografía del tórax, y unos estudios generales de sangre. Ninguna pista que seguir. Todo normal.

Intenté explicarles el origen de su queja y les dije. _Lo que usted siente no es dato de enfermedad grave que ponga en peligro su vida. Sus pulmones y su corazón están bien. No tiene ni artritis ni golpes en su espalda, puede ser por cansancio muscular o por sus nervios. _Continué con una larga exposición de la forma en que el sistema nervioso y el cansancio pueden ocasionar en la mente de una persona la sensación de frío en la espalda sin que ello signifique tal o cual enfermedad. Todo fue en vano. Reconocí que fui incompetente para hacerme entender lo que yo había concluido de su mal. “Me puso a parir chayotes”.

Fue necesario llamar a una de sus hijas que estaba en la sala de espera para informarle a ella de las conclusiones que ya les había comunicado a sus padres. Por fortuna, resultó ser una avispada joven que rápidamente comprendió el origen de los males de mamá e incluso apoyó la opinión del posible origen nervioso psicosomático de la fría espalda de su madre ya que la calificó como “muy nerviosa y berrinchuda”, aunado al esfuerzo de los quehaceres hogareños como lavar a mano, exprimir la ropa, barrer el patio de la casa lo que produce cansancio muscular que se puede traducir en dolor adormecimiento, entumecimiento o frío, como en esta paciente.

Estos casos son sumamente frecuentes. Equivocarnos en su interpretación puede conducir a indicar tratamiento innecesario y potencialmente tóxicos como los derivados de la cortisona que ya le empezaban a aplicar a esta mujer. Prescribí un relajante del sistema nervioso, no controlado, sin peligro de adicción y encargué y confié en que la hija podría lograr mejor convencimiento que yo, del origen de sus queja y de lo inofensivo fíaicamente del frío en la espalda.

Salud yatrogénica.

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El título de este tema suena paradójico ya que ENFERMEDAD YATROGENICA es el nombre que se da a aquellos problemas médicos que son causados o empeorados por el enfoque que adopta el doctor que esta tratando el problema de un enfermo. En otras palabras son los daños que causa el médico a los pacientes. En la práctica clínica cotidiana existen muchos ejemplos al respecto.

Lo ideal es LA SALUD YATROGENICA, es decir, la salud que se promueve por las acciones médicas.

Vale la pena recordar que YATROGENIA deriva de YATROS (médico) o YATREIA (medicina) y GENESIS (origen). Literalmente se traduce: LO QUE GENERA EL MEDICO, sin especificar sí para bien o para mal. En concreto, YATROGENIA se refiere tan solo a las acciones médicas. Puesto que dialécticamente a toda acción, hay una reacción, esta precisamente es la que le da significado a la palabra yatrogenia, los efectos de las acciones médicas.

Nunca se había escrito en esta columna sobre salud yatrogénica. Leyendo un libro de editorial paidos que trata de psicoterapia familiar, me llamó la atención este enfoque de la yatrogenia. Los autores de este libro, terapeutas familiares: O Hanlon y Davis, afirman que la SALUD YATROGENICA es una cuestión de la máxima importancia, mucho más que la enfermedad yatrogénica y tienen mucha razón ya que precisamente todas las injerencias médicas debieran ser benéficas, lo que, para desgracia de la sociedad, no sucede si no al cien por cien, cuando menos una porcentaje razonable.

Durante el tratamiento médico, quirúrgico o psicoterapéutico se influye en la evolución de los problemas de los pacientes que acuden al apoyo de los profesionales de la salud ya sea médicos o terapeutas familiares los cuales con sus palabras, sus gestos, con la mirada, la voz o los movimientos corporales, así como con las intervenciones quirúrgicas o los fármacos prescritos, pueden ocasionar mejoría en su calidad de vida (salud yatrogénica) o por el contrario aumentar el daño del que ya poseen (enfermedad yatrogénica).

Casos clínicos existen de sujetos que se quejan de diversos síntomas nocivos, que, sin padecer enfermedades físicas o estructurales, se les produce daño psicológico con diagnósticos y tratamientos erróneos de enfermedades inexistentes, consecuencia de impericia, negligencia e irresponsabilidad y deficiente ética profesionales, tanto por médicos como terapeutas familiares.

Un ejemplo de incontables casos clínicos es el siguiente:

Un hombre de 55 años consultó a este médico tecleador para que le confirmara o descartara cinco enfermedades para las que estaba recibiendo tratamiento: hipertensión arterial, diabetes mellitus, artritis por ácido úrico (gota), angina de pecho e hipercolesterolemia (colesterol alto). Ingería 6 medicamentos.

Con cifras de 140/90 de presión arterial, por primera vez, le dijeron que era hipertenso (presión alta) de gravedad, le indicaron una tableta de 20 mg de gliotén y dieta sin sal. Sin embargo, en ningún libro de medicina interna o cardiología recomiendan indicar tratamiento en estas circunstancias pues esa cifra se considera dentro de límites normales y no es suficiente para establecer el diagnóstico de presión alta sotenida.

Con cifras de l40 mg de azúcar, por primera vez, le indicaron minodiab, una tableta, estableciendo el diagnóstico de diabetes, que hubo de suspender pues posteriormente el azúcar le bajo a 50 mg y se desmayó. No se recomienda indicar tratamiento con cifras iniciales de l40 mg por el riesgo de hipoglucemia (baja de azúcar). Hay que verificar si se mantiene elevada.

Con cifras de 6 mg de ácido úrico y algunas dolencias en los codos y muñecas pero sin datos de inflamación le dijeron que tenía gota (artritis por ácido úrico). Sin embargo, esa cifra de ácido úrico es normal ya que lo máximo es de 7 y las dolencias eran de origen muscular ya que permanecía duran más de 8 horas al día tecleando en una computadora.

Por 255 mg de colesterol le indicaron lipitor, medicamento de alto costo para normalizar el colesterol. Nunca se le había alterado. La cantidad mencionada no causa ningún peligro de inmediato y ningún manual de medicina recomienda tratamiento farmacológico, sino disminuir la ingestión de grasas y alimentos ricos en colesterol, hacer ejercicio y bajar de peso de ser necesario y verificar si el colesterol se mantiene elevado.

Para rematar, sin datos clínicos de dolor en corazón con un electrocardiograma normal, le establecieron tratamiento con una tableta de aspirina pues tenía "alto riesgo de padecer de un infarto al corazón y morir en cualquier momento".

Con toda la información anterior, llegó muerto al consultorio, psicológicamente (metafóricamente) hablando. Esto era lo que reflejaba emocionalmente: depresión, tristeza, frustración, desesperanza, se sentía con un pie en la tumba, estaba tramitando su testamento, un verdadero ENFERMO YATROGENICO.

El reto fue ofrecerle SALUD YATROGENICA lo cual se logró aproximadamente unos dos meses después, durante dos consultas en las cuales se le orientó con respecto a todas sus posibles dudas. Solo se confirmó la presencia de diabetes, ya que la cifra de azúcar se elevó a l60 mg, la cual posteriormente se normalizó a l00 mg sin medicamentos, tan solo con disminuir la ingestión de carbohidratos ya que en cada comida se comía unos 10 ricos panuchos, era originario de la tierra del faisán y del venado, la hermana república de Yucatán.

También se mantuvo normal, la presión arterial, el colesterol disminuyó a 200 mg, las dolencias musculares desaparecieron, ácido úrico disminuyó a 5 mg, se le permitió ingerir sal al gusto, no se encontró enfermedad cardíaca alguna, su electrocardiograma fue normal.

Se eliminaron todos los medicamentos mencionados y solo se indicó un antidepresivo a dosis mínimas, prácticamente como efecto placebo, su mejoría no se atribuyó a este medicamento sino a la confianza de no estar tan gravemente enfermo como le habían hecho creer, su estado de ánimo mejoró y con ello su calidad de vida, su afán de vivir, desistió de hacer el testamento, aunque de todas formas, si es recomendable hacerlo. Volvió a vivir.

Alguna vez me invitó a cenar panuchos, le agradecí comiéndome no menos de 10, sin chile habanero, es muy picoso.

No existe la menor duda de que durante la entrevista clínica, el médico de alguna manera, tiene el poder de influir psicológicamente en la conducta futura del enfermo con relación a la forma de ver, aceptar y mejorar o empeorar su enfermedad. La manera en que el médico tratante formula las preguntas, si interrumpe o escucha libremente al enfermo, si sugiere que el problema es muy grave o leve, el lenguaje que habla, las palabras que usa, la seguridad o inseguridad con que comunica los diagnósticos, estas y otras actitudes influyen en la evolución, buena o mala, del problema que el paciente plantea, he aquí la diferencia entre salud y enfermedad yatrógenas.

Por todo lo anterior, el médico debe intentar siempre influir favorablemente en la evolución del paciente. Aún en los casos más graves, incurables o mortales a corto o mediano plazo, el médico debe tener recursos psicológicos, tacto, sutileza y humanismo para informar, orientar y apoyar, sin causar mayor daño, por muy sombrío que sea el pronóstico. Nosotros los médicos curamos algunas veces, aliviamos muchas veces, no siempre; pero siempre debemos confortar.

He aquí otro de los grandes retos del ser médico, retos ante los cuales no siempre se es victorioso.

MEDICINA PREVENTIVA O MEDICINA PERVERTIDA.

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STAFF SOLES

En el momento actual la comercialización de la profesión médica ha llegado a un grado tal, que los enfermos pueden ser víctimas de campañas eminentemente comerciales disfrazadas de medicina preventiva con fines perversamente lucrativos, que se traducen en grandes ganancias para la industria farmacéutica trasnacional, de las que en no pocas ocasiones e inadvertidamente los médicos nos convertimos en sus principales promotores, si recetamos indiscriminadamente los productos que promocionan en los medios de comunicación y con variadas formas de mercadotecnia utilizando la tecnología de punta como el espacio cibernético, con un alto poder de penetración y de manipulación psicológica de grupos sociales, sin importar sus creencias políticas, religiosas, económicas y culturales.

Lo anterior se manifiesta en una gran carga de angustia para ciertos grupos humanos hacia los cuales se dirigen los comerciales con un gran poder de penetración en la mentalidad y la conducta. Por ejemplo, de las mujeres en época biológica normal de la menopausia, que llegan a considerar que esta etapa es una enfermedad, para la cual se deben tomar hormonas femeninas (estrógenos), calcio en tabletas, fármacos para la circulación, para el colesterol, para los bochornos, etc. por todos los días de su existencia.

He percibido pacientes que acuden espontáneamente a la farmacia a comprar medicamentos para el colesterol, para la osteoporosis, para la menopausia. Algunos se basan en los informes televisados o publicados en la prensa escrita. Otros, por información de médicos generales, especialistas en Medicina Interna o cardiología, los menos, por que lo vieron en Internet o porque se los recomendó la comadre, la vecina de enfrente, el peluquero o la modista de la esquina.

De cualquier forma, muchas de estas medidas "preventivas" con medicamentos son exageradas, injustificadas, costosas y algunas más peligrosas que la supuesta prevención para las que se prescriben. La medicina preventiva ideal, no se basa en ordenar fármacos, sino en educar con el fin de modificar hábitos de higiene, de alimentación, de ejercicio y de trabajo, y esencialmente acciones políticas de higiene medica social: drenajes, pavimentación, y otros etcéteras. La medicina preventiva debe ser al menor costo y riesgo posibles. La medicina preventiva es la auténtica medicina social, con base en políticas médicas determinadas por el sistema gubernamental, libre de influencias lucrativas.

La aplicación de vacunas es una de tantas acciones preventivas, pero no es el total. La vacunación previene una mínima cantidad de enfermedades, no más de diez: la polio, el sarampión, la difteria, el tétanos, entre otras. Pero no hay vacunas definitivas, para la diabetes, el infarto, la cirrosis hepática, arteriosclerosis, embolia o trombosis cerebral, gripe, tuberculosis, infecciones intestinales, o para el cáncer, por mencionar algunas de las principales causas de muerte en el momento actual.

En nuestro medio no existe una auténtica medicina preventiva. Esta no puede florecer donde hay analfabetismo, desnutrición alimenticia y cultural, donde hay corrupción ¿y dónde no hay?. La gran mayoría de los diabéticos por ejemplo, después de haber tomado tal o cual fármaco durante varios meses e incluso años, no recuerdan el nombre comercial o genérico de lo que ingieren. Le tienen pavor al azúcar, sin saber que es esencial para el cuerpo diabético o sano. Desconocen que la diabetes se debe a una deficiencia de insulina que se forma en el páncreas. Creen erróneamente que ser obeso es igual a ser diabético o que por el hecho de tener un familiar diabético, ellos forzosamente padecerán la enfermedad. Desconocen que la alimentación del diabético debe ser la misma que para una persona sana: balanceada en calidad y cantidad de calorías en función del peso ideal del sujeto en cuestión, de ahí el temor horroroso a la palabra DIETA, que debiera estar proscrita en el tratamiento del diabético.

La falta de orientación y de educación cotidiana y masiva en clínicas y hospitales públicos y privados, escuelas y universidades, centros laborales y recreativos propician que la sociedad en general maneje ideas erróneas, miedos y temores infundados. Por algo se dice que el miedo es producto de la ignorancia, y ésta, madre de muchos vicios y maldades.

Hay pacientes que por la información comercial toman una pastilla de aspirina para "prevenir el infarto" sin tener los factores de riesgo como obesidad, presión alta, diabetes, tabaquismo para tal padecimiento, sin pensar en el riesgo de una hemorragia gástrica por la lesión del ácido acetilsalicílico que contiene la popular tableta de aspirina. Mujeres que ingieren tabletas de calcio "para prevenir la osteoporosis", sin estar al tanto que les puede provocar cálculos en los riñones o se automedican con hormonas femeninas (estrógenos) sin saber que les puede acelerar un cáncer de mama o aumentar el riesgo de trombosis o embolia cerebral o en las piernas en caso de padecer de várices o de provocar hemorragias anormales en matriz.

He tenido la pena de haber descubierto varios casos con este tipo de complicaciones, innecesarias si con juicio y raciocinio se eligen las medidas preventivas básicas para la mayoría de las enfermedades: hábitos y costumbres sanas en cuanto a la alimentación balanceada, mantenerse en el peso ideal de acuerdo al sexo, edad y estatura corporal, ejercicio aeróbico regular como la caminata. Estos hábitos, sencillos, baratos e inofensivos son fundamentales para prevenir o retardar o incluso ayudar a controlar enfermedades ya establecidas tales como: osteoporosis, hipertensión arterial, obesidad, estrés, colesterol alto (hipercolesterolemia), infarto del corazón, trombosis o embolia cerebral, diabetes, enfisema pulmonar, infecciones renales o respiratorias, trastornos digestivos como el común estreñimiento, depresión, ansiedad, por mencionar las quejas más frecuentes que padece la sociedad.

Incomprensiblemente hay enfermos con los padecimientos mencionados a los que les han prohibido hacer el mínimo ejercicio injustificadamente, con la distorsionada orientación corren peligro de empeorar, siendo más fácil y cómodo para el médico establecer tales limitaciones sin medir el daño psicológico que se produce ante tales medidas.

En resumen, debe quedar bien claro que la medicina preventiva, en general, no debe fundamentarse en fármacos. De ser así, el precio de llegar a la tercera edad será para ingerir medicamentos.

MIEDO A LA LIBERTAD

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STAFF SOLES

Este es el título de un libro escrito por Erich From, psiquiatra contemporáneo de Segismundo Freud. En dicho libro se compara al ser humano con el experimento de unos pájaros en cautiverio, al inicio del cual constantemente se golpean en la tela de la jaula hasta lesionarse las alas, buscando la libertad. Con el fin de liberarse son capaces de morir. La jaula es tan resistente que al cabo de cierto tiempo se dan por vencidos y dejan de luchar ya que en la jaula tienen comida, nido, cuidados especiales, procrean polluelos. Después de cierto tiempo les abren la jaula y con miedo se acercan a la puerta abierta a la libertad y ninguno de ellos es capaz de abandonar la jaula. Tuvieron miedo a ser libres

En la vida cotidiana existen muchos seres humanos que viven con miedo a la libertad. Además existen casos clínicos que acuden a consulta buscando curación farmacológica de sus quejas corporales, cuya causa es precisamente EL MIIEDO A LA LIBERTAD, la cual no se resuelve con una píldora milagrosa, una receta mágica o lámpara de Aladino.

Una mujer de 40 años se presentó a consulta con datos francos de depresión nerviosa: fácil llanto, tristeza, pensamientos negativos y suicidas, entre otros síntomas sicológicos. Pero además, había consultado múltiples médicos por síntomas físicos tales como adormecimiento de manos y pies, entumecimiento de los brazos, palpitaciones cardíacas, dolores en cuello, espalda y garganta sin causa aparente. Diversos estudios de laboratorio, ultrasonido y rayos x fueron normales o negativos. Presión arterial normal. Recibió infinidad de medicamentos antirreumáticos, analgésicos, sedantes, para fiebre tifoidea, para la presión y para el corazón, antibióticos, para la circulación, sin mejoría alguna

En resumen, físicamente no había datos de enfermedad estructural de algún órgano específico o localizado, sus síntomas eran difusos, confusos y cambiantes. Estas características precisamente encajan en patología del sistema nervioso como la depresión nerviosa con síntomas de sufrimiento físico y mental.

Pero había que ponerle apellido a la depresión nerviosa, es decir, tratar de establecer los factores causales de la misma. La depresión nerviosa tiene factores biológico genéticos internos o endógenos propios de la persona que se suman al conjunto de factores sociales, culturales, religiosos, políticos, económicos (marco conceptual) que desatan la enfermedad neurológica con sus manifestaciones clínicas en diversos órganos y sistemas.

El ambiente social en el que se desarrolló la enfermedad de esta paciente, someramente era el siguiente: originaria de una comunidad rural con las características culturales de nuestra región, creyente en los principios Cristianos y Guadalupanos de pecado, castigo y sentimientos de culpabilidad; escolaridad, 2 años de primaria; nulo hábito de lectura, televidente de novelas tipo canal de las estrellas y fuerza informativa, principalmente los populares talk sows, maltratada psicológicamente desde la infancia hasta el momento actual por un padre alcohólico consuetudinario (cotidiano), experiencias visuales desde su infancia de madre abnegada, aguantadora, sufridora y golpeada por su padre alcohólico (el de la paciente) y con maltrato psicológico o verbal hasta el momento actual. Nueve hermanos más, que ya emigraron del hogar, con las mismas vivencias de las cuales ya se liberaron parcialmente. Ella, a sus 40 años de edad todavía vive en el mismo medio familiar de su infancia.

Manifestó que desea salir de su "hogar", mejor dicho de su casa, porque –"ya no aguanta a su padre, ya no se siente a gusto en su casa por el trato que reciben ella y su madre".

Apareció un llanto espontáneo y dramático, bueno, ni tan espontáneo, ya que sus trágicas y habituales experiencias pocos mortales las resisten sin alteración de su equilibrio emocional.

Después de un profundo sollozo, dejó de llorar y espetó:

–"Pero adoro a mi papá y a mi mamá y a ella no la puedo dejar sola, los quiero mucho y uno de mis nueve hermanos me ha dicho que yo debo quedarme, que no los debo abandonar y no puedo dejarlos. Además, no sé que voy a hacer yo sola sin ellos"—

Su rostro mostró un gesto de miedo y desasosiego ante la idea de alejarse de sus padres a los que tanto quiere a pesar del maltrato que aun sufría.

En sicología de la comunicación se recomienda interpretar el lenguaje cifrado u oculto que encierran las palabras, el tono y las modulaciones de la voz, y los gestos corporales visuales de los pacientes. Es obvio que esta paciente está atrapada en relaciones destructivas familiares, hecho muy común en nuestro entorno social, producto de la historia de nuestros pueblos.

De acuerdo con mis experiencias personales parece ser que esta paciente tiene miedo a la libertad pues me comentó posteriormente que una de sus hermanas le ha sugerido que se vaya a vivir con ella lejos de su lugar de origen. Sin embargo, la paciente insiste en que le preocupa que sus padres se queden solos a pesar de su estado físico normal y su edad no muy avanzada. Válido y respetable es el cariño que profesa a sus padres. Le comenté que los medicamentos únicamente pueden controlar algunas molestias físicas pero que no resolvería los factores causales principales por lo que debía tomar una decisión con respecto a su vida: alejarse de su hogar o aprender a aceptar a sus padres tal cual son, a sabiendas de los efectos nocivos en su estado anímico. Esta decisión es de su responsabilidad. Paradójica situación humana, tener que eliminar el miedo a la libertad.

En estos casos se puede recurrir técnicas de terapia familiar, de las cuales no tengo experiencia y todavía no son muy socorridas en nuestro medio y a las que los pacientes sienten todavía un rechazo propio de nuestro entorno cultural plasmado de prejuicios sociales. Los medicamentos calman algunas de las molestias físicas y nada más.

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