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viernes, 20 julio 2018

Dr. Kiskesabe

Tiroides y obesidad.

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Alimentacion-en-hipotiroidismo

STAFF SOL QUINTANA ROO

Obesidad deriva del latín obesus, que significa gordo. Las estadísticas mencionan que un 40% de la población padece de cierto grado de desnutrición, lo que nos haría pensar que en la calle deberíamos ver a gente flaca. Sin embargo no es así. Esto se debe a que la desnutrición mencionada se encuentra principalmente en niños y las imágenes de televisión por ejemplo, siempre muestran a la población activa, entre los 30 y 50 años de edad, este sector de la población en general es obeso. Es posible que existan pacientes obesos, desnutridos y anémicos. Obesidad no necesariamente sugiere buena nutrición. Por el contrario, en general se es obeso a expensas de alimentos chatarra, con mínimo poder nutritivo. Aportan eso sí, abundantes calorías cuyo exceso se convierte en grasa.
Pero no siempre el aumento de peso o una persona aparentemente gorda es por exceso de grasa.

_Doctor. estoy aquí para que me diga porqué estoy engordando, creo que porque estoy reteniendo líquidos. Mire, se me hinchan los pies desde hace como tres meses, sobre todo por las tardes. Yo trabajo como dependiente en una tienda. Me paso como 12 horas sentada frente a la computadora que manejo en mi trabajo. Pero además he notado que he subido de peso. Como 30 kilogramos en los últimos ocho meses y en realidad no como mucho. Yo creo que es por la retención de los líquidos. Me siento hinchada hasta de las manos, las cuales tengo regordidas. Vea. He visto otros que se han hinchado de todo el cuerpo y padecen de los riñones. A un vecino hasta le pusieron la diálisis. ¿Estaré enfermo de los riñones?.

Así empezó la entrevista médica con una paciente de unos 40 años de edad, del sexo femenino, empleada de X empresa quien al hablar lo que más llamó la atención fue el hecho de notar que su lenguaje era un tanto lento y dificultoso, como si tuviera la lengua hinchada, gruesa, lo que retarda los movimientos para la articulación fluida de las palabras.

_¿Siempre habla así, como si tuviera dificultad para articular las palabras? _Pregunté siguiendo una pista que hizo pensar en que pudiera tratarse de un mal funcionamiento de la glándula tiroides, el hipotiroidismo, que se caracteriza entre otras cosas por aumento de peso con escasa comida, aumento de sueño y lentitud de ciertas funciones como el pensamiento y el lenguaje.

_No. Yo hablaba bien clarito, pero si, he notado en los últimos meses que, como que se me traba la lengua en ocasiones y siento lentitud para hablar.
_¿Le da por dormir mucho durante el día? _Seguí investigando otros datos complementarios de la sospecha que tenía.
_Sí. Doctor. Últimamente he notado que me cuesta llegar temprano al trabajo y en las tardes duermo más de lo acostumbrado y por las noches tengo sueño más temprano a pesar de haber dormido en la tarde.

_Muy bien. Con estos datos que me proporciona ya tengo una idea de lo que está pasando con usted y del porqué está aumentando de peso. Parece ser que su tiroides está fallando en la formación de las hormonas tiroideas que regulan el metabolismo de nuestro cuerpo. Si estas hormonas disminuyen en la sangre el metabolismo es muy lento lo que explica que las personas aumentan de peso a pesar de la poca ingesta de alimentos, disminuye el metabolismo en todos los órganos y por ejemplo el cerebro funciona lentamente lo que explica el sueño y el lento fluido de los pensamientos y de las ideas. Los músculos se debilitan y puede haber dolores musculares que se confunden con artritis, debilidad que se confunde con deficiencia de vitaminas y la articulación de la palabra es lenta porque los músculos de la lengua están débiles.

La exploración física y unos sencillos estudios de laboratorio que incluyen la medición de las hormonas tiroideas en la sangre, nos pueden ayudar a confirmar o descartar lo que estoy pensando de su caso clínico. No parece ser que padezca de los riñones y que por eso esté reteniendo líquidos, la medición de la urea y creatinina en sangre nos confirmará esta impresión, son la guía para valorar el funcionamiento de los riñones. Tampoco creo que se trate de aumento de peso por grasa puesto que no come excesivamente.

_Oiga Doctor. ¿Y ese problema de la tiroides no es grave, tengo que operarme o qué?. Conozco una persona que le dieron una cápsula dizque para quemar la tiroides o no sé qué. Y que si esa cápsula no le funcionaba la iban a operar. _Preguntó la paciente un tanto alarmada ante la información de su posible enfermedad.

_De confirmarse que su tiroides no proporciona la cantidad suficiente de hormonas a la sangre (hipotiroidismo), el tratamiento es simple con unas tabletas de hormonas tiroideas, con base en triyodotironina y tiroxina. _Dije para calmar la ansiedad de la paciente, y agregué. _Es posible que el problema de la persona que usted menciona padezca también de la tiroides pero en sentido opuesto al de usted. Hipertiroidismo, que se caracteriza por aumento excesivo en la formación de las hormonas tiroideas y con ello aumenta el metabolismo de su cuerpo y sucede lo contrario a lo de usted.

_¡Ah... sí!. ¡Tiene razón, Doctor!. Esa persona era delgadita y muy nerviosa, bien acelerada. Nunca estaba quieta. ¡Entonces si me voy a curar sin operación! _Preguntó.
_En caso de padecer de hipotiroidismo, sí. No va a necesitar operación. _Finalicé. Solo un medicamento. Pero debemos confirmar lo que pienso.

La exploración física arrojó un exceso de peso de 40 kilogramos aproximadamente con relación a su edad, talla y conformación corporal. La lengua más gruesa de lo normal. La presión arterial y la frecuencia de los latidos cardíacos pueden disminuir en caso de hipotiroidismo, en este caso eran normales, lo que sugería que el problema no era muy severo.
La medición de hormonas tiroideas, triyodotironina y tiroxina en sangre estaban reducidas y la hormona estimulante de la tiroides que se forma en la hipófisis del cerebro, elevada. Esto confirmó el diagnóstico de hipotiroidismo por una lesión de la glándula tiroides. El colesterol era de 400 miligramos, elevado, también como consecuencia del mal funcionamiento de la tiroides.

Se sometió a tratamiento sustitutivo con hormonas tiroideas y dos meses después había bajado 15 kilogramos, su colesterol y sus hormonas tiroideas en sangre también eran normales. Su lenguaje era bien articulado. La ingestión de alimentos era mayor y aún así seguía bajando su peso por el efecto benéfico del tratamiento.

El origen del hipotiroidismo se origina, en más del 95% de los casos, por una lesión inmunológica de la tiroides que disminuye el tejido tiroideo formador de hormonas. En muy raros caso se debe a lesión de la hipófisis, una glándula localizada en la base del cerebro que es la que se encarga de estimular y disciplinar a la tiroides y otras glándulas endocrinas.

El aumento de peso en estos pacientes se debe a que la deficiencia de hormonas tiroides desencadena la acumulación de muco polisacáridos (sustancia formada por moco y azúcares) hidrófilos ( que atraen agua), que se deposita en la sustancia fundamental de la dermis, y otros órganos como la lengua, ocasionando induración pastosa. Así se explica el aumento de peso, la hinchazón de la piel, el lenguaje lento por aumento del tamaño de la lengua (macroglosia) de esta paciente, síntomas que revirtieron con el tratamiento hormonal correspondiente.

Tuberculosis y burocracia médica.

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STAFF SOL QUINTANA ROO

La tuberculosis es una vieja enfermedad que por decreto presidencial desapareció durante algún tiempo. En el momento actual, está cobrando victimas con la ayuda del virus del SIDA y con la burocracia médica.

Hace unos 30 años cuando estudiaba medicina, recuerdo que los hospitales de salubridad en donde nos permitían hacer nuestras prácticas hospitalarias existían pabellones específicos para tuberculosos. Con estos enfermos entrenábamos el interrogatorio y la exploración física, con ellos ejercitábamos la elaboración de la historia clínica, el mejor estudio para establecer un diagnóstico. Los tuberculosos fueron nuestros grandes maestros de la clínica.

Era impactante entrar a un pabellón de estos, seres humanos con sus cuerpos desnutridos a los que se les notaban todos los huesos como si fueran unos esqueletos envueltos minuciosamente solo con la piel, no se notaban masas musculares, sus movimientos lentos y torpes en sus camas mullidas, sucias y pestilentes a excremento por la escasa higiene que se les proporcionaba, su mirada perdida e inexpresiva, solo se modificaba con los esfuerzos de la tos reflejando el sufrimiento en lo más profundo de sus sentimientos y de su ser. Parecían las momias de Guanajuato filmando una película de Santo, el enmascarado de plata.

Marginados por el sistema de salud vigente en esa época, por sus familias y por la sociedad, eran amontonados en esos cubículos o pabellones de la miseria a esperar estoicamente la muerte, la única que en esos tiempos les daba la calma y el alivio que ellos solicitaban en sus plegarias, Los médicos, llenos de prejuicios y de temor al contagio propiciaban este alejamiento, enviaban a los pasantes de medicina o a las enfermeras para cumplir con el requisito de brindarles atención médica. Su presencia con uniformes de blanco les daba alguna esperanza de curación y salvación y en principio cooperaban con nosotros los aprendices de médicos.

Algunos de ellos enfermos, de tantas veces que les habían realizado su historial clínico se habían memorizado algunas preguntas clínicas y nos las señalaban cuando las omitíamos durante el estudio, se habían convertido en unos verdaderos maestros de la clínica propedéutica o el arte de interrogar a un enfermo.

Los médicos responsables de su tratamiento ni se les aproximaban. Nos enviaban a los novatos, a la guerra contra los bacilos de la tuberculosis. Era denigrante para nuestros maestros, hacer contacto con estos enfermos. Estas fueron las enseñanzas que recibimos en esa época, una, la de los enfermos con dignidad ante su cruel existencia, y otra diferente, la de los maestros de la medicina los cuales nos enseñaron a marginar, a descalificar a deshumanizar el ejercicio profesional, salvo algunas excepciones de médicos clínicos entregados a su profesión para mostrarnos el lado humano de la verdadera ciencia médica.

Hasta el momento actual, más de algún médico ante un paciente con diagnóstico de tuberculosis lo margina e impide su acercamiento y por tanto bloquea la atención médica con calidad humana y vocación de servicio. Llenos de prejuicios y miedo, productos de la ignorancia, del desconocimiento de la evolución de la enfermedad omiten en ocasiones un diagnóstico y tratamiento adecuados.

Esto sucedió a uno de tantos enfermos:

Un paciente, procedente de una comunidad vecina, se presentó a consulta con padecimiento de unos seis meses de evolución caracterizada por tos, flema verde amarillenta, baja de peso, disminución del apetito y por las noches con abundantes estertores bronquiales. A la auscultación de los pulmones se encontraron estertores roncantes y piantes que denotaban retención de flema espesa y pegajosa en los bronquios y alvéolos de los pulmones.

Con estos datos fuertemente se sospechó que podría tratarse de una tuberculosis pulmonar. Existe una regla básica en clínica que nos enseñaron en los pabellones de tuberculosis: "paciente mexicano, con tos y flema verde con más de 30 días de evolución, debe sospecharse TUBERCULOSIS PULMONAR hasta demostrar lo contrario".

Este paciente acudió en varias ocasiones a una dependencia de salubridad para atender su problema. Los mismos familiares sin ser médicos, por las características de la tos sospecharon que podría ser tuberculosis. En esa dependencia lo vieron algunos médicos, hicieron estudios de flemas en 5 muestras (BAAR en expectoración) para investigar la presencia del bacilo de la tuberculosis con resultado negativo. Solicitaron una radiografía de tórax (pulmones), le dijeron que era normal de sus pulmones.

Sin embargo, los médicos que lo "consultaron" nunca se acercaron al paciente para colocarle el estetoscopio en el tórax y auscultar los pulmones.

Se revisó la radiografía: incuestionablemente había unas manchas blancas múltiples en ambos pulmones, nodulares (infiltrado pulmonar) que sugerían una lesión activa inflamatoria pulmonar, sin cavernas, pero que en correlación con el cuadro clínico mencionado, con escaso margen de duda, correspondía a lesiones pulmonares de origen fímico, mejor conocida como TUBERCULOSIS.

Con un cuadro clínico y radiológico como el de este caso, desde el punto de vista práctico debe indicarse tratamiento específico y la evolución confirmará si es o no tuberculosis.

¿Porqué si el cuadro clínico era muy claro hasta para el propio enfermo y sus parientes, porqué, le informaron que no había tuberculosis?

Hay dos posibles razones:

Una, hay que decirlo, que los médicos no tuvieron capacidad para establecer el diagnóstico tan evidente, por negligencia, falta de interés de servicio al prójimo, incompetencia o inexperiencia profesionales.

La segunda, que he observado con mucha frecuencia en varios pacientes y también hay que decirlo, tiene relación con las políticas de las instituciones de salud pública, las que giran instrucciones a sus médicos para iniciar tratamiento antituberculoso siempre y cuando se demuestre la presencia de bacilos en las muestras de flemas de los enfermos, si esta prueba resulta negativa, simple y sencillamente no indican los medicamentos aunque el cuadro clínico y radiológico sugieran con alto margen de seguridad, la presencia de la tuberculosis.

Las guias de práctica clínica en tuberculosis especifican que el diagnóstico certero es cuando se demuestran los bacilos tuberculosos en las pruebas de BAAR o en el cultivo y solo con esta prueba positiva, se indica tratamiento. Como a este paciente y muchos más, no se les encuentra ese bacilo, no indican tratamiento con los datos clínicos. Grave error de juicio clínico que provoca severos daños por omisión y por la actitud burocrática e irreflexiva de ajustar los pacientes a los protocolos, y no ajustar los protocolos (guías médicas) a cada enfermo.

Para fines estadísticos, epidemiológicos y políticos la segunda opción es válida. Sin embargo, para los enfermos esta opción encaja en enfermedad yatrogénica colectiva, ya que es bien conocido en la práctica clínica, el hecho de que la demostración de bacilos tuberculosos en las muestras de flemas se logra en un porcentaje limitado (50 a 75%) de los casos de tuberculosis clínicamente evidente de tal manera que no indicar medicamentos cuando existen evidencias clínicas, y esperar a que las flemas sean positivas, se expone a los enfermos a que su enfermedad avance se complique y hasta ponga en peligro la vida de los pacientes.

No importa en que dependencia se trabaje, como profesional de la salud, el médico debe tener la competencia, el juicio y la capacidad de tomar decisiones individuales, con cada enfermo en particular, haciendo caso omiso, en casos específicos, de ciertas directrices generales o de los reglamentos establecidos por autoridades sanitarias que la mayoría de las veces son inexpertos o profanos en medicina. El cumplimiento indiscriminado de las normas burocráticas, puede provocar mayor daño del que ya tienen los enfermos.

En el momento actual, para desgracia de los enfermos y otros miembros de la sociedad, el burócrata, sea médico, maestro de escuela o regidor de algún ayuntamiento, actúa apegado a los reglamentos, normas, algunas tan superficiales como el especificar los dos sexos (niños y niñas, médicos y médicas, albañiles y ¿albañilas?) cuyo cumplimiento es inofensivo.

Pero, actuar con mente burocrática en el diagnóstico y tratamiento de los pacientes es pasmoso. Y sin embargo, sucede.

OBESIDAD Y SEXO.

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STAFF SOLES

Si un sujeto excedido de peso leyera en alguna revista que los hombres obesos corren más riesgo de sufrir impotencia sexual o disfunción eréctil, seguramente se desesperaría por bajar de peso y le entraría al gran negocio de las dietas de reducción.

Precisamente en una investigación financiada por la sociedad americana del cáncer, realizada en dos mil hombres de edades comprendidas entre los 51 y los 88 años, los resultados reflejan que aquellos cuya cintura supera un metro, tienen casi dos veces más riesgo de padecer disfunción eréctil que los varones cuya cintura mide unos 80 centímetros. El estudio también apunta que los hombres inactivos tienen más probabilidades de sufrir disfunción eréctil que los que hacen ejercicio al menos 30 minutos diarios.

Noticias de este tipo pueden hacer que los hombres obesos participen en el gran negocio de las dietas de reducción cuya principal clientela hasta el momento son las mujeres, primordialmente antes del verano caliente. Con la finalidad de lucir esbeltas en las calurosas playas, se aplican todo tipo de terapias y dietas para reducir unos cuantos o muchos kilos en pocos días. Miles de personas agobiadas psicológicamente por el exceso de peso, cumplen los rituales dietéticos más extravagantes con la esperanza de que a los 50 o 60 años algún fotógrafo las promueva para concursos de belleza o para adornar la portada de alguna de las tantas revistas que se dedican a promover ilusiones. Finalmente se dan cuenta y comprueban que siguen igual de obesas.

Lo ideal es seguir una dieta equilibrada, que le haga perder peso sin pasar hambre, sin tener que engorrosamente pesar la comida en gramos ni hacer recuento de calorías, y mucho menos ingerir pastillas diuréticas engañosas o anfetaminas disfrazadas de pastillas naturistas, comiendo sanamente y sin pasar privaciones. En otras palabras, una alimentación fisiológica, sin riesgos.

Este ideal es muy difícil de cumplir en parte si el médico desconoce la fisiología y metabolismo de los nutrientes básicos, las necesidades fisiológicas diarias de calorías y si omite determinar el estado anímico del enfermo o el modo de ver la obesidad y de investigar el porqué el paciente desea bajar de peso: por salud o por vanidad. En esta disyuntiva radica gran parte del éxito o el fracaso para bajar de peso. La sicología del que desea bajar de peso. Un verdadero dilema médico.

La mayoría de los obesos desean bajar de peso con una receta o dieta mágica, sin hacer el menor esfuerzo. Estas no existen. Siempre se necesita la comprensión y la colaboración del enfermo. Sin esto, el fracaso es seguro.

Detrás de la obesidad existen factores genéticos (no modificables) que predisponen a una mayor cantidad de adipocitos, las células que almacenan grasa en todo el cuerpo ante el exceso de la ingestión de alimentos ricos en calorías como los carbohidratos (harinas, masa, sus derivados y semejantes) o las grasas principalmente de origen animal que además son abundantes en colesterol saludable.

Además de los factores biológicos que no se pueden modificar de ninguna forma, se añaden los factores psicológicos. Muchos obesos ingieren abundantes calorías como respuesta al estrés. En el cerebro existe un centro del hambre y otro de la saciedad. Funcionan automáticamente como los termostatos de un automóvil. Las tensiones por conflictos familiares, laborales o económicos, descontrolan la armonía entre estos centros provocando el aumento del apetito, generalmente en alimentos ricos en calorías, cuyo exceso, se almacena en forma de grasa. Si el enfermo rechaza esta relación entre estrés y obesidad, lo cual es habitual, el fracaso en el tratamiento es inminente.

Las costumbres nutritivas de cada familia también favorecen el desarrollo de la obesidad. No es casual que en las regiones donde se consumen, enchiladas, estrujadas, garnachas, tacos, tamales, tortillas, tostadas, tecates y todos los alimentos con "VITAMINA T" y mínimo o nulo ejercicio físico, la población esté excedida de peso. Lograr que la familia advierta esta influencia y modifique sus costumbres nutritivas excesivas es un verdadero reto médico.

Por otra parte, existen patriarcas o matriarcas, que por prejuicios sociales y culturales o el "que dirá la gente", forzan a su prole, desde niños, a ingerir alimentos ricos en calorías (vitamina T) para que se vean gordos, llenos de vida según los papás, como símbolo de triunfo y poder económicos ante el temor de ser criticados de tacaños, pobres o miserables si sus hijos se mantienen en el peso normal, que para esos miembros de la sociedad son delgados y desnutridos y faltos de cuidado por parte de sus padres. Así empieza la fábrica de gordos en que se ha convertido gran parte de la sociedad, principalmente la urbana que ha disminuido el ejercicio, fundamental para consumir y quemar las calorías excesivas en los alimentos ingeridos.

Contra todo esto debe luchar el médico y el enfermo para entender, comprender y tratar razonablemente la obesidad sin que el paciente se exponga a peligrosas dietas o medicamentos más tóxicos que benéficos. Duro compromiso para la relación médico paciente.

Medicina injusta.

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STAFF SOLES

Justicia, deriva del latín iustitia. Se define como la virtud que inclina a dar a cada uno lo que le pertenece o lo que debe hacerse según derecho o razón. Hombre justo es aquel que en sus acciones ofrece a sus semejantes lo que debe hacerse según su derecho y razón. Médico justo es aquel que a sus pacientes, proporciona cuidados de la salud con inapreciable calidad humana, la que incluye los conocimientos técnico científicos básicos para lograrlo.

En la práctica clínica, todos los médicos, axiomáticamente, incluyendo al que esto teclea, como seres imperfectos, están expuestos a cometer injusticias con los pacientes sea por descuido, indolencia, negligencia, irresponsabilidad o ineptitud profesional. Estas injusticias conllevan daños a la salud en el ámbito fisiológico, psicológico, económico y en ocasiones hasta el grado de provocar incapacidad física o daño mortal. Enseguida algunos ejemplos:

Es injusto indicar tratamientos caros para el colesterol, cuando por primera vez este apenas rebasa 5 o 20 miligramos por encima de las cifras normales, que desde el punto de vista de daño clínico no tienen significado estadístico y por tanto no se justifica el costo con el mulo beneficio que proporciona a este tipo de pacientes, siendo necesario tan solo vigilar si continúa elevándose, recomendar realizar ejercicio, disminuir de peso si es necesario ¡Y ya!.

En ocasiones se prescriben hierro o vitaminas, a pacientes con cifras normales de hemoglobina, sin anemia, tan solo porque el paciente, equívocamente cree que las necesita y el médico, para seguir la corriente al enfermo, o aprovechándose del "efecto placebo", omite informar que esas vitaminas que venden a precio de oro, se extraen nada más y nada menos que de las carnes, huevos, leche, frutas, verduras, mariscos, vísceras y otros alimentos que la gran mayoría de los enfermos incluyen en su alimentación diaria. La cultura de los pacientes les hace creer que las vitaminas mejoran el apetito, aumentan el vigor físico, reconstituyen el cerebro en los sujetos ansiosos, mejoran la memoria o la potencia sexual. Todas estas creencias son falsas, sin embargo el consumo de vitaminas es tremendamente exagerado con relación al costo beneficio. En la mayoría de los casos, es totalmente injusta la prescripción de vitaminas.

Injusto es también, proponer cirugías de vesícula, a pacientes con dolor abdominal tan solo porque el estudio de ultrasonido realizado por inexpertos en la materia, reporta lodo biliar, cuyo significado es que se trata de bilis espesa que no tiene porque producir dolor y por lo tanto no justifica el riesgo de una cirugía abdominal.

No es justo que a una mujer de 60 años de edad, tan solo por dolencias musculares probablemente por esfuerzo, le indiquen estrógenos y otras hormonas para la menopausia y la osteoporosis sin ser estas las causas de esas dolencias ya que la osteoporosis produce dolor en caso de complicarse con fracturas de huesos y la menopausia es una etapa normal de la vida que no debe enfocarse como enfermedad. Indicar hormonas puede causar hemorragias vaginales anormales que ponen en peligro la vida sin necesidad.

No es justo, en las personas de la tercera edad, atribuir todas las fracturas de cadera a la osteoporosis, ya que este cambio es normal con el envejecimiento, es la osteoporosis senil que ha estado presente desde el origen del hombre. Los ancianos se fracturan con mayor periodicidad por la sencilla razón de caerse con mas frecuencia que los jóvenes. Los reflejos de los ancianos obviamente son más lentos lo que, ante un tropezón, impide que estos adopten posiciones defensivas a la hora de caer como"matas de plátano" golpeándose precisamente la cadera. Para fines comerciales, se manipula a la sociedad haciéndola creer que tomando calcio, hormonas y otros fármacos, se evitan fracturas, como si estos medicamentos pudieran evitar los tropezones y las caídas de los pacientes.

Mucho muy injusto es además, que a sujetos con ligera elevación del azúcar por primera vez, dos o tres miligramos por encima de las cifras que el laboratorio especifica como límites normales, se les catalogue como diabéticos ya que para establecer este diagnóstico debe medirse el azúcar cuando menos en tres ocasiones diferentes con el fin de eliminar el posible error técnico de la medición del azúcar y así evitar el daño psicológico que se produce al establecer un diagnóstico que para algunos sujetos es tan dramático que hasta piensan en el suicidio.

También es injusto que a las pacientes a las que se les realiza la prueba de Papanicolau vaginal para determinar si existen células cancerosas, se les indique antibióticos, óvulos vaginales antinflamatorios, tan solo porque el citado estudio reporta "células inflamatorias" y "bacterias" sin que la paciente se queje de síntoma alguno vaginal como flujo, prurito o secreción anormal alguna, es decir sin datos de infección. El estudio de Papanicolau vaginal es para determinar si hay o no sospecha de cáncer, los datos de células inflamatorias y bacterias pueden ser normales en la vagina, la cual no es estéril y deben coexistir con datos clínicos francos de infección vaginal para justificar el tratamiento antibiótico. Prácticamente en todos los reportes de Papanicolau se reportan células inflamatorias y bacterias, sin que necesariamente se trate de una verdadera infección.

Otra injusticia que se comete con frecuencia es indicar antibióticos para infección de vías urinarias sin molestia alguna que sugiera infección, basándose exclusivamente en un estudio general de orina que reporta "bacterias positivas", sin tomar en cuenta que puede tratarse de muestra contaminada por bacterias del frasco sin esterilización especial o si es contaminación de la propia orina a su paso por la uretra contaminada por las bacterias de la vagina o de la piel de los genitales de la paciente a la que no se le recomendó que se hiciese un aseo especial antes de la toma de la muestra, para evitar precisamente los reportes falsamente positivos de infección. Es más confiable, económico y menos nocivo solicitar un estudio que se llama urocultivo en un frasco estéril que debe proporcionar el laboratorio con la indicación de aseo genital previo. De esta forma es como se establece el diagnóstico de infección de vías urinarias y se pueden evitar tratamientos innecesarios y costosos, aunque uncultivo positivo no necesariamente afirma una infección urinaria activa.

Así de injustos podemos ser cuando no se tiene meticulosidad en el estudio de los enfermos. Riesgos del oficio..... en perjuicio de los pacientes, por supuesto.

Medicina herbaria.

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STAFF SOLES

Existen motivos sociales, económicos, antropológicos e históricos, por los que la sociedad recurre cada vez más a la medicina herbolaria y otras alternativas. Hay pacientes con enfermedades graves que recurren a la medicina alternativa por desesperación o frustración, insatisfacción, rechazo a la ciencia y la tecnología. Una persona sana puede recurrir a la medicina herbaria porque confía en prevenir futuras enfermedades con algún remedio alternativo o complementario. Los medios de comunicación ejercen una poderosa influencia en el comportamiento de los consumidores haciéndoles creer en su eficacia para todo tipo de enfermedades y en que son completamente inofensivas, lo que no siempre es real.

En cuanto a las encuestas de los consumidores de medicina herbaria, señalan que la mayoría son mujeres, personas con estudios universitarios que ingieren otros fármacos con lo que aumentan las posibilidades de intoxicaciones por interacción entre las hierbas y los medicamentos.

Aunque la medicina herbolaria se ha usado desde hace miles de años, el uso tradicional no es fiable para asegurar su eficacia o su inocuidad ya que no cumple con los requisitos indispensables desde el punto de vista bioestadístico y de metodología de estudios que sirven para evaluar y aprobar el uso honrado de un medicamento. Las publicaciones y conclusiones sobre varios de estos medicamentos herbarios son contradictorias y confusas. Sin embargo, en el momento actual se han sometido algunos estudios a una evaluación estadística y se ha comprobado que algunas hierbas si surten efectos en determinados estados patológicos como la ginkgo biloba para el tratamiento sintomático de la demencia y la claudicación intermitente, dos enfermedades relacionadas con deficiencia en la circulación arterial de cerebro y piernas, pero se duda de su eficacia para el zumbido de oídos en el cual se indica con mucha frecuencia. Ya se ha mencionado en otro comunicado que la hierba de San Juan es eficaz en la depresión leve y la kava kava como tranquilizante suave.

Una de las hierbas más populares de la actualidad es el ginseng asiático. Se recomienda para multitud de padecimientos, como tónico general y para fortalecer el rendimiento intelectual y físico. Según una revisión sistemática de los autores de un artículo de medicina herbaria publicado en las Clínicas de Medicina Interna de Norteamérica, no se han encontrado pruebas convincentes de la eficacia del ginseng. Lo mismo sucedió con el ajo (Allium sativum) promocionado como reductor del colesterol, no se encontraron evidencias estadísticamente significativas de su eficacia clínica. Este hecho no es obstáculo para seguir disfrutando de unos camarones tamiahueros al mojo de ajo, al menos, si no beneficia, tampoco perjudica, el sabor que proporciona a los alimentos, mejora la calidad de vida.

Hay evidencias de algunos efectos tóxicos de ciertas hierbas en combinación con fármacos de patente. Los polvos de raíz de efedra, utilizada para rebajar de peso y para la gripe pueden provocar problemas cardíacos, circulatorios y hasta la muerte. Muchos cuida kilos han "salido por piernas" de diversas ciudades por estas complicaciones. Otras hierbas, pueden provocar hepatitis, lesiones cardíacas, anemia, efectos hormonales, trastornos de coagulación por lo que es esencial verificar los efectos de los fármacos con los que en ocasiones se combinan pensando en que por ser hierbas naturales no tienen efectos tóxicos.

Por otra parte, las preparaciones herbarias se pueden contaminar con metales pesados como el plomo o con microorganismos durante su conservación. En un examen de 319 niños y 2800 adultos de Taipei, se observó que tenían elevadas las concentraciones sanguíneas de plomo en la sangre en relación con la ingestión de hierbas chinas.

Para saber con que frecuencia las medicinas chinas vendidas en Taiwuán eran adulteradas con sustancias terapéuticas, se recogieron 2609 muestras en ocho grandes hospitales generales. Los análisis revelaron la adulteración de 618 muestras (23.7%). Más de la mitad de las muestras adulteradas de medicina china tenían dos o más sustancias adulterantes como el paracetamol para dolor y bajar la temperatura (tempra), hidroclorotiazida (diurético), indometacina (antirreumático), fenobarbital (para epilepsia y sedante) teofilina para el asma y hasta cortisona que se utiliza en varias enfermedades. He aquí el fraude, mezclar hierbas probablemente sin ningún efecto terapéutico con fármacos perfectamente conocidos, para hacer creer al enfermo que es la hierba la efectiva.

No nada más en China soplan vientos de charlatanería, de corrupción y de fraude. En nuestro medio las doce vitaminas esenciales (complejo B, tiamina, piridoxina, vitamina C y otras) las mezclan con sedantes, antirreumáticos, antipiréticos, cortisona, analgésicos y otras sustancias bien conocidas. La gente cree que son las vitaminas las que le calman el dolor, "la reuma", le controlan el sueño o le fortalecen los nervios. Vil engaño. Lo grave de este problema es que son los mismos médicos, incluso afamados especialistas preparados en hospitales altamente calificados académicamente los encargados de prescribir dichas combinaciones y mantener la errónea idea en los ingenuos pacientes que hay una vitamina para todo mal, y hasta ellos mismos las recetan a sus compadres o amigos enfermos.

Es muy complicado orientar, educar y cambiar la mentalidad de cierto sector de la sociedad de lo fraudulento de medicinas cura todo. La propaganda comercial de la industria farmacéutica en los medios de difusión masiva: prensa, radio y televisión es avasalladora y alienante y las 900 palabras de esta columna se convierten en un granito de arena. Es posible que alguno de los dos lectores de esta columna, conservará este granito de arena, con ello la misión de orientar se considera cumplida. La arena es un puñadito, pero hay montañas de arena.

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