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miércoles, 19 septiembre 2018

TREN MAYA, UN PROYECTO PRENDIDO DE ALFILERES

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*El proyecto turístico del futuro presidente de México se enfrenta a dos grandes retos que podrían descarrilar el ambicioso plan: los daños irreversibles a la reserva de la biósfera y a la diversidad de las especies que habitan donde se realizarán las obras de infraestructura y la multimillonaria inversión que asciende a 150 mil millones de pesos, equivalente al presupuesto de Pemex y la CFE para el año entrante.

STAFF SOL QUINTANA ROO

Ciudad de México.- El proyecto de un tren para potenciar la oferta turística del Mundo Maya tiene como antecedente más reciente el anuncio del presidente Enrique Peña Nieto en 2012, de construir una vía férrea de Mérida a Cancún, que finalmente fue cancelada tres años después.

En las últimas tres décadas, nuestro país desarrolló proyectos turísticos en la región Maya, como la iniciativa Ruta del Mundo Maya lanzada conjuntamente en 1988 con Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador, con el respaldo financiero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El ambicioso proyecto pretendía aprovechar los recursos arqueológicos, naturales y culturales de la cultura Maya, en ciudades como Uxmal, Chichén Itzá, Bonampak, Palenque y Tikal.
Uno de los temas centrales de aquella iniciativa fue emitir un visado turístico único para facilitar a los visitantes el acceso a los centros arqueológicos.

El Tren Maya proyectado por el futuro presidente de México es una obra de oropel del gobierno que entrará en funciones a partir del próximo 1 de diciembre. Si bien se trata de un proyecto muy atractivo, su ejecución implica una alteración considerable de los ecosistemas y reservas ambientales de zonas como Palenque, Chichén Itzá y Bacalar.

Palenque, la selva Maya en Chiapas, fue designado Parque Nacional en 1981 y la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1987.

Al igual que las Reservas de la Biosfera, los Parques Nacionales tienen gran importancia, pues en ellos se encuentran ecosistemas de gran valor científico e histórico, además de la enorme belleza escénica que poseen.

Palenque fue descubierto en 2005 y abarca dos kilómetros y medio cuadrados, pero se estima que solo se ha explorado menos del dos por ciento de la superficie total que alcanzó la ciudad prehispánica, permaneciendo aún más de mil estructuras cubiertas por la vasta selva.

La sola intención de un proyecto de la magnitud del Tren Maya implica la participación de expertos antropólogos y no solamente de ingenieros de obra pública.

Respecto a Chichén Itzá, en Yucatán, fue inscrita en la lista del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988.

Los Parques Nacionales y las Áreas Naturales Protegidas representan importantes porciones de nuestro territorio nacional, ya que albergan a cientos de especies tanto de flora como de fauna, además de que en estos sitios podemos obtener diversos beneficios, con la explotación racional de los recursos naturales que ofrecen, y se puede disponer también de los servicios ambientales que surgen de estas.

México cuenta con 182 Áreas Naturales Protegidas que, sumadas, cubren alrededor de 91 millones de hectáreas, casi 70 millones de zonas marinas y 21 millones de zonas terrestres.

DAÑO ECOLÓGICO IRREVERSIBLE

Según expertos en Geografía Económica como Pablo Pérez Akaki, profesor de la UNAM en la Facultad de Estudios Superiores de Acatlán, hay varios puntos cuestionables dentro del proyecto, y el primero tiene que ver con el tema ambiental, pues el tren cruza un área protegida que es reserva de la biosfera.

El paso del tren genera problemas, impediría que los animales se muevan libremente, por lo que los ecosistemas quedarían fraccionados.

La diversidad y la abundancia de las especies a lo largo del derecho de vía sobre el que se desarrollará el proyecto, se verán afectadas debido a que la cobertura vegetal será removida en los casos en los que sea necesario, provocando una disminución en las fuentes de alimento para las especies de fauna asociada y generando procesos de migración y competencia con otras especies.

También provocará la contaminación de cuerpos de agua con residuos sólidos de todo tipo, presentando alteraciones en las características fisicoquímicas del líquido y otros efectos como el azolvamiento de los cuerpos de agua (si se tratase de residuos producto del movimiento de tierras mal dispuestos).

Al presentar alteraciones en la calidad del agua se podría ver afectada la posibilidad de disponer de la misma para los usos para los que actualmente se destina, como es el riego.

Hay costos ambientales que ya no se recuperan y deben compensarse en función de los beneficios, por lo que habrá que preguntarse qué beneficios traerá el Tren Maya a la zona, pues según grupos ecologistas, no está garantizado que haya ganancias para las poblaciones locales, que además son principalmente indígenas, agricultores y ganaderos.

"Es un trazo muy interesante, de muchos retos, de impacto ambiental porque atraviesa unas zonas selváticas interesantes, pero también supone un reto de infraestructura: hay una serie de ríos, lagos, de retos de ingeniería", comentó Eduardo Ramírez Leal, presidente nacional de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción.

Independientemente del daño a los ecosistemas de la región, el Tren Maya seguramente generará desarrollos polarizados, pues servirá para comunicar a las ciudades con Cancún y que este importante polo turístico tenga más flujo de visitantes. Pero, ¿qué pasará con los puntos intermedios?

Está muy en duda que vaya a generar beneficios. Los especialistas detectan un desarrollo muy selectivo con este proyecto turístico.
¿Será porque el rancho del presidente electo se ubica en Palenque y pretende darle un impulso y de paso subir la plusvalía de la región incluido su rancho "La Chingada"?

El funcionamiento de un tren turístico de pasajeros de alta tecnología que recorra desde Cancún, Playa del Carmen, Tulum, Bacalar, Calakmul, Palenque, y continúe por Chichén Itzá y Mérida, parece ignorar el daño irreversible a las reservas ecológicas que incluye el proyecto del futuro presidente de México.

MULTIMILLONARIA INVERSIÓN Y LA AUSTERIDAD DE AMLO

Para construir mil 500 kilómetros de vías férreas proyectadas a cuatro años, el gobierno federal deberá invertir alrededor de siete mil millones de pesos anuales.

El total de inversión pública se estima en 32 mil millones de pesos, pero los cálculos finales rondan los 150 mil millones de pesos de inversión necesaria para el ambicioso proyecto lopezobradorista.
¿De dónde saldrá el resto del dinero?

Seguramente habrá interés de inversionistas privados, entre ellos no descartamos al multimillonario Carlos Slim Helú, consuegro del futuro secretario de Turismo de AMLO, Miguel Torruco.

Sin embargo, el megaproyecto turístico podría descarrilarse incluso antes de empezar a rodar, porque la próxima administración federal tendría que subsidiarlo con recursos presupuestales de los cuales carece, ya que según ha reiterado en múltiples ocasiones el futuro presidente de México, los programas sociales son su prioridad y desde esa óptica el Tren Maya es un lujo desde cualquier ángulo que se le quiera observar.

Una solución para financiar el proyecto es cobrar muy alto el precio de los boletos de los pasajeros. Otra de las alternativas sería hipotecar la obra a largo plazo, idea nada sensata cuando de lo que se trata es de invertir en proyectos sociales que cubran las demandas básicas de los mexicanos en situación de pobreza extrema, bandera de campaña del próximo presidente de la República.

Se supone que el gobierno federal sacará la parte de inversión que le corresponde del Impuesto al Turismo, que comprende el Derecho al Hospedaje y el Derecho de No Residente, un impuesto que se disputan el Consejo de Promoción Turística de México y el Instituto Nacional de Migración.

En todo caso, la entidad pública que saldría más afectada, será el Consejo de Promoción Turística, porque tendrá que aportar a esta obra gigantesca casi todo su presupuesto anual.

Prácticamente se quedaría sin recursos para lo que originalmente se creó: promover no un proyecto específico sino el turismo, rubro que comprende 10 por ciento del Producto Interno Bruto del país.

Y es que la inversión necesaria para desarrollar el proyecto del Tren Maya equivaldría al presupuesto que el gobierno de López Obrador solicita para el año entrante para Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad, es decir, 150 mil millones de pesos para que dichas empresas cuenten con suficientes recursos con el objetivo de que sean competitivas. De ese tamaño es el recurso que se necesita.

El riesgo de la viabilidad financiera de la puesta en marcha del proyecto del Tren Maya es muy alto, por lo que los especialistas recomiendan a López Obrador replantearlo, ahora que está a tiempo de reasignar el presupuesto de egresos del próximo año, instruyendo a su bancada –que es mayoría- en el Congreso de la Unión.

Con el proyecto, Tabasco, Campeche, Chiapas, Yucatán y Quintana Roo podrían quedar unidos por tren si se completa la idea del presidente electo.

El Tren Maya que recorrerá los estados del sur del país prevé atraer más turismo a la zona y se contempla concluir en cuatro años.
Para financiar todo el proyecto, el futuro gobierno federal llevará a cabo una convocatoria para contar con el apoyo de la iniciativa privada.

Sin embargo, el punto del financiamiento que le corresponde a la Federación no ha sido del agrado de ciertos sectores del turismo en la región, pues con esta decisión, el gobierno federal estaría quitando dinero a la promoción turística del país, por lo que acabaría haciéndole daño al sector.

Todo se resume a la ley de la oferta y la demanda. Generar oferta turística significa necesariamente disponer de mayores recursos para promover el proyecto, la región, al país, para hacerlo más competitivo en el mercado turístico internacional.

El argumento que manejan los hombres de la industria sin chimeneas es que pretender financiar un proyecto multimillonario como el Tren Maya quitando los recursos al turismo, pone a la actividad al borde del precipicio.

Seguramente los grandes inversionistas estarán atentos al momento de la licitación para destinar capitales, aunque el tema ecológico despertará en los grupos ambientalistas una serie de protestas y pronunciamientos en contra del citado proyecto.

El tren utilizará las vías del antiguo ferrocarril del sureste, que va desde Palenque hasta Valladolid, y habrá estaciones en Campeche, Mérida, Chinchén Itzá y Cancún. Otras probables estaciones estarán en Candelaria y Escárcega.

Desde esta última se abrirá un ramal que llegará hasta Xpujil, cerca de Calakmul y su zona arqueológica. Este ramal continuará hasta el Caribe, Bacalar, Tulum y Cancún.

No hay la plena seguridad de que el sector turístico privado pueda financiar un proyecto de esta magnitud, y en lo que corresponde a la inversión pública, los recortes y medidas de austeridad anunciadas por el próximo gobierno, no dibujan un escenario muy prometedor para un proyecto que se antoja de gran calado y fuertes capitales.

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