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miércoles, 24 abril 2019

LA COLUMNA DEL SOL

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STAFF SOL QUINTANA ROO

Luego de transcurrido un mes de que en las urnas arrasara Morena en todo el País, el pasado 1 de julio, los anuncios de Andrés Manuel López Obrador, un día sí y otro también, no han dejado de sorprender al respetable: unos por ser novedosos y afortunados y otros por lo desatinado que resultan.

Aunque ciertamente el triunfo de AMLO ha sido por demás legítimo al ser arropado con más del 50% de la votación pasada, convirtiéndose en el presidente más fuerte en los últimos años, eso no se traduce en automático en un cheque en blanco por parte del electorado.

El haber conquistado las simpatías de una gran parte de los mexicanos tampoco quiere decir que el tabasqueño podrá hacer y deshacer a su antojo, protegido por la aureola que le genera el hecho de haber vencido a "la mafia del poder" y por la posibilidad de estar en condiciones formales de dirigir el destino de millones de mexicanos durante los próximos seis años.

López Obrador debe pensar muy bien cada una de las decisiones que está tomando, aún antes de ser investido con la banda presidencial, pues aunque es indiscutible que de facto ya está gobernando, en un caso inédito en la historia de México no debe sobrepasarse, pues la sociedad quiere congruencia en el decir y el hacer.

Es innegable que la cruzada contra la corrupción anticipada por AMLO aún antes de la campaña por la Presidencia de la República y ahora como virtual presidente electo, ha causado profundo beneplácito entre los mexicanos de todos los colores partidistas que esperan con ansias su materialización a partir del 1 de diciembre.

También es indiscutible que los aplausos de los desposeídos retumban en cada rincón de la patria cada que escuchan un anuncio de Obrador en el sentido de revisar los últimos sexenios de la administración pública, para así combatir y castigar a quien haya hecho un mal uso del patrimonio de los mexicanos.

Sin embargo, también es indudable que no todas las noticias espectaculares del Presidente electo han caído del todo bien en el ánimo de quienes habitan esta inmensa nación de más de 120 millones de habitantes, precisamente por tratarse de verdaderos disparates.

Como por ejemplo, viene al caso el nombramiento de Manuel Bartlett Díaz como director general de Comisión Federal de Electricidad, un sector estratégico en la vida económica de México, que requiere verdaderos expertos en su conducción y no burócratas detrás del escritorio.
Pero, ojalá todo se quedará en eso, en la falta de preparación por parte del ex gobernador de Puebla para dirigir dicha paraestatal pero no, ese no es el caso, digamos que eso sería lo de menos puesto que para eso existen los asesores.

El problema estriba en todo lo que Bartlett representa en la historia contemporánea de este gran País.

Si le damos una hojeada al pasado reciente allá por 1988, un dato que quizá las nuevas generaciones ignoran es que este personaje fungía como secretario de Gobernación en el gobierno de Miguel de la Madrid cuando ocurrió la hoy célebre "caída del sistema".

Se le denominó así a una falla generalizada ocurrida al momento de contar los votos de los comicios presidenciales de ese año, que inhibieron el conteo de los sufragios como parte de una estrategia de alto nivel para revertir las tendencias que apuntaban a que el abanderado presidencial del PRI iba abajo en las votaciones, ya que se perfilaba como ganador el candidato de la izquierda Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano a quien por supuesto no dejaron llegar.

Eran los tiempos del férreo control electoral por parte del Gobierno federal cuando aún no existía un juego limpio en ese tema, y toda la organización de la elección recaía en esa Secretaría que controlaba y manejaba toda la política interior incluyendo ese aspecto tan sensible.

Hoy Bartlett Díaz, el operador y protagonista principal de aquella trama, quién también fue secretario de Educación Pública en el sexenio de Carlos Salinas, este último señalado por AMLO hasta la saciedad de ser el culpable de todos los males que aquejan a México y cabeza de "la mafia del poder", está de regreso en un momento histórico para la vida política nacional.

Quizá se trate de una jugada estratégica del Presidente electo para pagar favores y sacrificar al poblano pasado un tiempo razonable "arrojándolo a las fauces de los leones" al estilo del Coliseo Romano, una vez echada a andar toda la maquinaria presidencial, pero de momento y al margen de cualquier apreciación subjetiva, el nombramiento del ex priista aniquila cualquier posibilidad de análisis por más sesudo y objetivo que este sea.

Ojalá que estas nominaciones espectaculares no se sigan repitiendo por el bien de México y por el bien de la bien llamada Cuarta Transformación donde se espera un cambio de raíz en todos los aspectos de la vida nacional pero no para seguir igual.

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