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miércoles, 24 abril 2019

Epistaxis: hemorragia de nariz.

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STAFF SOL QUINTANA ROO

Hace algunos años una mujer residente de varios años en un estado norteño de los Estados Unidos, de paso por esta su ciudad natal, acudió a consulta con el fin de recibir orientación de un cuadro clínico de hemorragia nasal (epistaxis) ocurrida meses antes y de la cual le preocupaba no haber recibido una explicación con relación a su causa, existiendo temor de algún grave padecimiento.

En el momento de la consulta dijo sentirse bien y la hemorragia nasal no se había repetido. Se solicitaron estudios generales de sangre: medición de hemoglobina, glóbulos blancos, plaquetas, azúcar, urea, creatinina, colesterol, triglicéridos, tiempo de coagulación con resultados normales o negativos. Su presión era normal y en su nariz no había huellas de sangre ni de lesión alguna.

Trabajaba como empleada de una tienda de ropa atendiendo clientes durante más de 10 horas al día de lunes a domingo. Su hemorragia empezó bruscamente en un día nevado a varios grados bajo cero de temperatura. Fue tanta que hubo de ser hospitalizada de emergencia pues la hemoglobina descendió a menos de 10 gramos (normal 14) de tal manera que fue necesario transfundir sangre urgentemente.

Durante su estudio clínico solo encontraron elevada su presión arterial y la anemia. Estudios de sangre incluyendo pruebas de coagulación, radiografía de tórax, tomografía axial computarizada de nariz, electrocardiograma entre muchos otros, no arrojaron nada anormal.

Recibió interconsulta con especialistas en oídos nariz y garganta (otorrinolaringólogo), cardiólogo, hematólogo y medicina interna. Sin embargo nunca recibió información clara y concisa acerca de la causa posible de su hemorragia, motivo de su preocupación. Le indicaron una dosis de medicamento para control de la presión.

Clínicamente se encontró sin molestia alguna, la epistaxis no se repitió, presión arterial era normal con el tratamiento prescrito. Se repitieron estudios generales de sangre, su hemoglobina, pruebas de coagulación y funcionamiento hepático fueron normales. Se concluyó que se encontraba sana, la epistaxis fue pasajera, y por el momento no había problema alguno. Pero la preocupación del enfermo seguía en suspenso ¿Cuál fue la causa o causas de la hemorragia nasal?. He aquí la posible respuesta a este dilema basándose en la reconstrucción de los hechos pasados.

EPISTAXIS deriva de dos vocablos griegos: epi= sobre y staxo= yo fluyo gota a gota, hemorragia de la nariz lentamente, aunque en este paciente no fue así.

La epistaxis se debe a diversos factores que dañan el epitelio nasal (mucosa) y las paredes de arterias y venas de la nariz. Las principales causas de epistaxis son las ambientales como el aire frío y seco y polvoso. Las hospitalizaciones aumentan en los países con crudos inviernos en los que se utiliza calentamiento hogareño de aire seco sin humidificación lo que promueve el daño de la mucosa nasal. Otras causas de epistaxis son: rascado del interior de la nariz, desviación del tabique nasal, infección y alergia de la nariz, tumores nasales, productos químicos irritantes como ácido sulfúrico, amoniaco, gasolina, cromatos, humo de cigarrillo.

La presión arterial alta, contra lo que se piensa, no es causa directa de hemorragia nasal, es más bien una reacción secundaria a la ansiedad de la hemorragia. He observado que la mayoría de los casos con presión arterial elevada no presentan epistaxis y la mayoría de los casos con epistaxis no tienen antecedentes de hipertensión arterial. La insuficiencia renal crónica con urea elevada, trastornos de coagulación de la sangre, medicamentos como el ácido acetilsalicílico, antirreumáticos, anticoagulantes son otras posibles causas de epistaxis.

A esta paciente se atribuyó como causa su hemorragia, el aire frío y seco de su lugar de residencia. A esta conclusión se llegó con base en el saludable estado clínico actual, y el resultado negativo de todos los estudios efectuados. Ante la necesidad de regresar a trabajar en clima sumamente frío, es posible la repetición de la epistaxis, aunque no necesariamente. Se le indicó que la mayoría de los casos ceden tan solo con la presión de la nariz lo que depende del sitio de la hemorragia. Se recomienda prevenirla usando un vaporizador nasal y lubricar el interior de las fosas nasales con vaselina simple o una cema suave.

La hemorragia nasal causa mucha ansiedad y preocupación por el miedo a la muerte lo cual es extremadamente rara. A esta enferma no le explicaron la posible causa y esta deficiencia le causó mayor ansiedad a pesar de no sangrar en los últimos meses. No se indicó medicamento alguno puesto que no lo ameritaba, parece que se fue convencida y satisfecha de la orientación recibida.

Recuerdo que en 1971 durante los primeros seis meses de mi estancia en Torreón padecí de epistaxis leve casi a diario, consecuencia del clima seco y polvoriento de ese norteño estado en donde durante un año de estancia nunca vi llover. La controlaba con un vaporizador del servicio de urgencias del centro médico en el que trabajaba y vivía como residente de Medicina Interna.

El manejo de estos casos es con el objeto de cohibir la hemorragia, en ocasiones es necesaria la intervención de un otorrinolaringólogo y un médico internista con el fin de controlar y diagnosticar la o las causas de la hemorragia nasal.

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