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domingo, 21 abril 2019

LAS CANTINAS

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STAFF SOL QUINTANA ROO

Ciudad de México.- Las cantinas florecieron en México en el siglo XIX porque era común en algunas épocas ir a buscar donde pasar el tiempo, principalmente en la frontera con Estados Unidos y por el intenso calor que demandaba sitios con bebidas para recuperar el agua perdida.

Los investigadores María de Jesús Rodríguez Flores y Fernando Javier Elizondo Garza, de la Sociedad Filatélica Regiomontana, destacaron lo anterior en un ensayo sobre tarjetas postales promotoras del consumo de alcohol en la frontera citada.

Explican que en octubre de 1919 se aprobó la llamada Ley Volstead, más comúnmente conocida como la Ley Seca, que implementaba la "Prohibición" dictaminada por la Enmienda XVIII a la Constitución de los EUA, la que prohibía la venta, importación y fabricación de bebidas alcohólicas en todo el territorio de los Estados Unidos.

Inmersos en amplia bibliografía, los profesionistas destacaron que la disposición no prohibía el consumo de alcohol, pero lo dificultaba, por lo que para recuperar "el agua perdida" continuó siendo producido de forma clandestina y también importado de contrabando de otros países.

Otros estudiosos indicaron que el 16 de mayo de 1985, hace casi 34 años, la presidencia del Consejo Supremo de la URSS decretó luchar contra el alcoholismo en el país y prohibió la venta de bebidas alcohólicas y la vida de la población cambió drásticamente, pero pocos meses después la orden fue revocada.

La policía detenía a cualquier persona si su sobriedad provocaba dudas, todos eran mandados a centros de asistencia antialcohólica, los juicios populares se intensificaban y los ciudadanos borrachos se enfrentaban a rigurosos castigos, desde multas elevadas hasta trabajos forzados durante un plazo entre dos meses y 15 días.

El pueblo comenzó una guerrilla activa contra la campaña, los taxistas vendían vodka a precios elevados, la gente creaba nuevas recetas de alcohol hecho de caramelo, pasta de tomate, rábano e incluso corteza de roble. Se fabricaban e inventaban alambiques de diferentes calibres para destilar el alcohol casero. Pero aumentó el número de toxicómanos y también las intoxicaciones. Descendió la afluencia de ingresos estatales y las autoridades comenzaron a recuperar los volúmenes de producción, y a principios del otoño del mismo año 1985, la cantidad de tiendas de alcohol en Moscú se duplicó.
En Estados Unidos la Ley Seca provocó que el crimen organizado se elevara, antes de la prohibición había 4,000 reclusos en las prisiones federales de EUA, pero en 1932 había casi 27,000 presidiarios.

Por el lado mexicano, según María de Jesús Rodríguez Flores y Fernando Javier Elizondo Garza, un movimiento antialcohólico, que por supuesto tuvo promotores serios, desde la posición oficial pareció seguir una moda y ser una maniobra política y fue mucho menos radical.

Al respecto, la investigadora Zoraya Melchor Barrera comenta que en abril de 1936, se le solicitó a cada gobernador del estado secundar las acciones de la campaña antialcohólica lanzada desde la Federación, entre las que destacaba la de prohibir que en las escuelas de educación básica se entonaran canciones que mencionara el consumo de bebidas, como "La Valentina" y "La Borrachita".

Poco después se comenzaron a llevar a cabo ceremonias denominadas "Mensajes de Hermandad Antialcohólica" en las escuelas primarias, centradas en el intercambio de ideas, pensamientos antialcohólicos, composiciones poéticas y conferencias de los maestros. En Jalisco, se dieron instrucciones para que los presidentes municipales evitaran que los billares estuvieran anexos a las cantinas.

Pero, según otros investigadores, las cantinas proliferaban ante la tolerancia de las autoridades a lo largo y ancho del territorio nacional, sin importar que el Congreso Antialcohólico recomendara que la embriaguez se considerara una agravante cuando el ebrio delinquiera, que se sancionara enérgicamente a los maestros que ingirieran bebidas alcohólicas y que se ordenara evitar por todos los medios que los ebrios permanecieran tirados en las calles.

Así, dicen Rodríguez y Elizondo, "en México se empezó a trabajar a nivel nacional, cuando en los Estados Unidos se preparaba el fin de la prohibición, de la cual quedaron entre otras muchas consecuencias, una fortísima industria del alcohol, la que junto con el gobierno siguió haciendo campañas antialcohólicas al tiempo que se distribuía masivamente el alcohol".

La frontera mexicana fue siempre una zona permisiva, cuya popularidad variaba dependiendo de factores sociopolíticos en ambos países, pero sin duda las prohibiciones en EUA incrementaron el consumo y producción de bebidas alcohólicas en el lado mexicano.
Para promover negocios y empresas en este giro comercial se produjeron en la frontera diferentes tipos de postales publicitarias para anunciar cantinas, casinos, promocionando el consumo de alcohol como sinónimo de diversión.

Algunas tarjetas parodiaban o caricaturizaban a alcohólicos extremos, señoritas mexicanas o norteamericanas ebrias, tarros y botellas con mensajes alusivos, burros y cactus.
Era común el uso de doble sentido y otras tarjetas presentaban textos y hasta poemas promoviendo el consumo de alcohol.

Muchas tarjetas mostraban clientes felices en las desérticas y calurosas ciudades fronterizas mexicanas, las cuales usaron la venta de alcohol como atracción turística.

En la ciudad de México, libre de épocas realmente calurosas, no sólo se vendía alcohol, sino que comenzó a establecerse una costumbre que se hizo "ley": la elaboración de las botanas, ahora verdaderos alardes gastronómicos, calificados así tal vez porque botana significa remiendo de los odres, taco de madera que tapa un agujero en los barriles o parche curativo.

La primera licencia para vender bebidas alcohólicas en la capital fue firmada por el Presidente Sebastián Lerdo de Tejada, para la cantina "El Nivel", construída en un predio bajo el cual están los restos de la pirámide de Tezcatlipoca y fundada -la cantina- en lo que fue la Real y Pontificia Universidad de México, a unos metros de Palacio Nacional.

El nombre lo inspiró el monumento hipsográfico dedicado a Enrico Martín, quien habría salvado de las inundaciones a la ciudad, que se daban con frecuencia aterradora por el crecimiento de los lagos y el desbordamiento de numerosos ríos ahora ya casi todos desaparecidos.

Enrico Martín fue cosmógrafo real, intérprete de la Inquisición, astrólogo y matemático hidráulico, cuya obra colosal del desagüe del Valle de México ocupó a 471,174 jornaleros, según el investigador Mauricio Mejía Castillo, del diario El Universal.

Ese monumento, que se puede admirar en el Zócalo capitalino, representa medidas puntuales que rigen a la metrópoli, ubica la posición exacta y establece hacia qué punto cardinal se encontraban los lagos que bañaban a la ciudad de México: Zumpango, al sur; San Cristóbal, poniente; Xochimilco, oriente y Tlalocan, norte. Inicialmente la obra fue colocada en Moneda y Seminario, pero en 1924 fue movida hacia el Nacional Monte de Piedad.

La cantina más antigua de la ciudad de México fue inaugurada en 1872 y al paso del tiempo fue visitada por Presidentes, funcionarios, artistas, escritores, periodistas, deportistas, arqueólogos, militares, policías, estudiantes, quienes conversaban de sus problemas y sobre deportes, política y mujeres hermosas.

La historiadora Andrea Méndez dio a conocer que han sido diversos los adjetivos utilizados para designar a las cantinas; para algunos han sido sitios de redención y para otros de decadencia, "pero lo cierto es que la cantina es una herencia cultural vinculada con la historia y construcción de nuestra identidad como mexicanos".

La señorita Méndez añadió en Internet que el concepto de cantina comenzó a evolucionar gracias al triunfo liberal en la guerra de Reforma; los liberales remataron los vinos de las bodegas de Maximiliano y de conservadores aliados, esto mejoró el surtido y la oferta e incrementó la "elegancia" de muchos establecimientos, ya que fueron decorados con objetos saqueados de las casas de los conservadores que fueron derrotados.

Agregó que el escritor mexicano Armando Jiménez, en su libro Picardía Mexicana, habla un poco sobre esta fundamental transición:

-Estos lujos tuvieron su efecto. Al poco tiempo cundieron en lugares céntricos, limpísimos salones con cantinero bien peinado y afeitado; los mostradores con barra de metal pulida a su pie; mesitas con cubierta de mármol; camareros que servían a la clientela con largos mandiles blancos, albeantes de limpieza. Comenzaron a saborearse las bebidas compuestas con ingenio, en las que se mezclaban sabores diferentes para sacar una sobresaliente que era distinta. Así surgieron los cocktails, los high balls, los dracks, los mint juleps, etcétera.

Fue durante el Porfiriato cuando se consolidó el concepto de la cantina que conocemos hoy. Durante los primeros diez años del siglo XX, la ciudad de México contaba con un poco más de mil cantinas, y justo en esta época fue cuando se popularizó servir las famosas botanas.
La señorita Andrea Méndez comentó que aún existen algunas cantinas que han sobrevivido al paso del tiempo y ofrecen sus servicios hace más de cien años. El Gallo de Oro inició el apogeo de la importación de productos europeos como el aceite de oliva, las alcaparras, las aceitunas sevillanas y los quesos, que fueron una novedosa botana.

El restaurante bar La Ópera se inauguró en 1876 por las hermanas francesas Boulangeot, quienes buscaban recrear la atmósfera y decoración de las cafeterías y confiterías parisinas de la época. En sus inicios, se ubicaba en el sitio que ahora ocupa la Torre Latinoamericana, pero fue tal la cantidad de gente que ocurría al lugar, que se mudaron a un sitio más amplio, donde se encuentra hasta la fecha: Avenida 5 de Mayo y Filomeno Mata.

Sus clientes más asiduos fueron Porfirio Díaz y José Ives Limantour, entre otras figuras del Porfiriato. Cuenta la leyenda que Emiliano Zapata y Pancho Villa pasaron por ahí y que el Centauro del Norte disparó su pistola, haciendo un hueco en el techo que aún se puede apreciar, aunque los historiadores concuerdan que al general no le gustaba el alcohol ni visitar cantinas, pero sigue siendo una historia interesante...

Y se dice que la cantina La Peninsular fue inaugurada en 1872 y que la cantora Lucha Villa se la vivía ahí en sus mejores tiempos. Hasta 1982 se permitió el ingreso de mujeres a este tipo de sitios y en La Peninsular circula una tarjeta que tiene impreso un "permiso legal" para hombres casados:

"Hago constar por la presente, que autorizo a mi pareja para que se divierta cuando quiera y pueda, beba hasta emborracharse, juegue y se distraiga con cuantas señoras y señoritas se le presenten. Firman la señora y la suegra". Está ubicada en Corregidora y Roldán.

 

CRIMENES HISTORICOS

De esta manera, entre bebidas exóticas bautizadas a satisfacción de los dueños de cantinas, y disfrutando excelencias gastronómicas, resultaría difícil hablar en esos lugares de que el alcohol cobra al año más vidas que otras drogas no permitidas aún.

Suicidios tras la ingestión de alcohol en demasía; enfermedades hepáticas; cientos y cientos de accidentes de tránsito; percances de trabajo; miles de casos de homicidio agravado, reyertas, neumonías, accidentes domésticos, "delirium tremens", caídas, todo por el consumo inmoderado de alcohol.

El psiquiatra español González-Daro dice que el alcohólico es un drogadicto que bebe hasta la destrucción, en él hay un impulso autodestructivo permanente, sobre todo en esos estados, residuales del alcoholismo, en el que el sujeto no tiene nada que perder. La agresión gratuita y pendenciera—que no respeta cantinas elegantes o modestas—genera alcohólicos crónicos, dependientes físicos de su bebida preferida u ocasional, "especialidades de cantina".

En España, el alcoholismo se ceba en la clase "baja" y su agresividad doméstica es más brutal, su santo y seña suele ser "más macho el que más aguante" y su vida familiar, a menudo patética, termina en el juzgado de guardia. El alcohólico de clase media y "alta" puede soportar mejor su adicción, su vida familiar no se resiente por su ausentismo laboral y su entorno no chirría como en el del alcohólico pobre. Su agresividad suele ser más refinada, termina divorciándose de su cónyuge y, entre sus opciones, puede caber el suicidio premeditado.

En el año 1941 en México, en el Cuarto Congreso de Rehabilitación, se dijo que nuestro país tenía 250,000 alcohólicos, que al año morían 6,500 individuos por cirrosis hepática, el 60 por ciento del ausentismo del trabajo se debía a la intoxicación con destilados de vino, del pulque y de otros licores fermentados, lo que arrojaba en conjunto, pérdidas anuales por 1,000 millones de pesos.

Hasta hace unos años muchos delitos se incubaban en las cantinas, bandas enteras de forajidos planeaban ahí sus fechorías, al calor del alcoholismo.

En otros casos, el trastorno por el alcohol, daba lugar a tragedias. Incluso a revoluciones violentas como fue la cubana, cuyos preparativos se dieron en una cantina cercana al conocido café La Habana, ubicado en las proximidades de la Secretaría de Gobernación. El Che Guevara y el entonces extra de cine mexicano, Fidel Castro Ruz, se entrevistaron en la cantina con el disfrazado exdictador Carlos Prío Socarrás, quien aprobó la "inversión" en fusiles de mira telescópica para los guerrilleros adiestrados por luchadores mexicanos, cerca de las faldas del Popocatépetl.

En épocas anteriores las cantinas contemplaron crímenes sonados, como el de Augusto Alberto Cárdenas Pinelo, mejor conocido como "Guty" Cárdenas, autor de famosas canciones.

Fue el 5 de abril de 1932, cuando asistió a la renombrada cantina "Salón Bach", de la Avenida Madero, primer cuadro de la ciudad de México.

Hay varias versiones sobre lo ocurrido. Unas, al clásico estilo mexicano, distorsionadas y ofensivas. Otra, la más creíble: el cantautor bebió de más y comenzó a presumir de su exitosa canción "Nunca", (-Yo sé que nunca...besaré tu boca), hasta que una señorita, acompañante de varios españoles, protestó en voz baja. El artista la escuchó y pretendió lucirse ofendiéndola.

"Guty" Cárdenas no midió las consecuencias y el español Ángel Peláez le reclamó, el cantautor sacó una pistola de salva y la accionó, el hispano se creyó agredido de muerte y con su arma acribilló al ofensor.

El yucateco falleció en pocos minutos. El español recuperó pronto su libertad al demostrar la legítima defensa.
Y años antes ocurrieron hechos históricos, en los que se mezclaron el fanatismo, el alcohol, la brutalidad, los celos y la impunidad.

El general sonorense Álvaro Obregón fue víctima de un atentado dinamitero en el bosque de Chapultepec, y sin juicio previo, fueron acusados y con rapidez fusilados los hermanos Miguel y Humberto Pro, el ingeniero Luis Segura y otra persona.

El dibujante del diario Excélsior, José de León Toral, gran amigo de Humberto Pro—hermano del sacerdote Miguel Pro—escuchó la dramática queja de Anita Pro, al ver ensangrentados y sin vida a sus hermanos, entonces José juró vengar los decesos y se preparó pacientemente para acabar con la existencia del general Álvaro Obregón.

El 17 de Julio de 1928, en el restaurante La Bombilla, el dibujante fingió ser caricaturista y pudo acercarse a Obregón, a quien le disparó en cinco ocasiones con una pistola española, calibre .32.

El diputado potosino Gonzalo N. Santos, amigo y presunto protegido de Obregón, se sintió indignado por el crimen, cometido por otro potosino, José de León Toral y se prometió "hacer algo".

Al calor del alcohol—sustancia criminógena tolerada en casi todo el mundo por los cuantiosos impuestos que benefician a muchos gobiernos—el político asistió al proceso de Toral y su presunta cómplice, Concepción Acevedo y De la Llata, mejor conocida históricamente como "La Madre Conchita", a quien Santos le fracturó una pierna a patadas, sin que las autoridades intentaran siquiera impedir la salvaje agresión.

Al juicio le siguió una condena de 20 años de prisión para "La Madre Conchita", (calificada como una "mártir de México", por el Vaticano), y pena de muerte para José de León Toral.
Pero muchos sabían que Gonzalo N. Santos no sólo era responsable del atentado contra la infortunada mujer, (quien nada tuvo que ver en el asesinato de Obregón), sino de la ejecución de su rival en amores, el joven estudiante universitario Fernando Capdevielle, el miércoles 21 de Septiembre de 1927.

Resulta que a pesar de que el político potosino se creía apuesto y varonil, Fernando Capdevielle se apoderó inesperadamente del corazón de la señora Santos...

Así lo explicó el defensor Antonio Jáuregui: "Conocí a Fernando Capdevielle en mi Notaría, donde practicó su profesión. Supe de sus relaciones con la esposa de Gonzalo N. Santos, las que comenzaron en Tehuacán y continuaron en esta ciudad. Ella se hacía llamar "Alicia" y cuando el joven supo que era esposa de Santos, intentó romper sus relaciones con la señora, quien inició el divorcio y se marchó a Estados Unidos, desde donde le enviaba cartas a Fernando y regalos que puedo traer como prueba de lo que digo".

"Capdevielle temía desde entonces ser asesinado por Santos. Su sospecha se afirmó cuando una tarde, estando ya en Estados Unidos la señora de Santos, se intentó ponerle una trampa al estudiante. La mujer le advirtió que efectivamente Santos quería matarlo y que era capaz de hacerlo pues tenía pésima educación y de nivel ínfimo"...

Los compañeros de estudios de Capdevielle organizaron grandes manifestaciones de repudio por el asesinato de Fernando y llevaron su féretro por las principales calles de la ciudad de México.

Cobardemente, Santos afirmaba que se trataba de una maniobra política, aunque hubo testigos que lo vieron disparar contra el joven, "el miércoles me acosté a las 8 de la noche, no pude abatir a nadie, soy absolutamente inocente", decía.

El crimen fue perpetrado a las 21.20 horas. Misteriosamente, los medios de información "silenciaron" el asunto. La familia Capdevielle publicó esquelas en cada aniversario del homicidio brutal, exigiendo justicia que nunca les llegó por la protección que las autoridades dieron al conocido político potosino.

Inesperadamente, en diciembre de 1959, Gonzalo N. Santos puso sus memorias a disposición de su hijo Gastón Santos, y tardíamente, reconoció su "verdad" en el asunto.
"Una noche se me ocurrió ir al Teatro Principal donde actuaba María Conesa y un grupo de desnudistas que entonces llamaban "Bataclán". En el pórtico del teatro había un bar—entonces se llamaban cantinas—y tenía acceso todo el que quería sin necesidad de entrar al teatro.

"Los tandófilos teníamos por costumbre echarnos algunas copas en la barra, (nótese, amigo(a) lector(a), el alcohol como elemento criminógeno en las cantinas de la ciudad de México), antes de entrar al Teatro, parados pues no había asientos, cuando sonó el timbre que en aquellos tiempos se usaba para anunciar al público que iba a comenzar la función. Entré al Teatro acompañado de mi fiel amigo y ayudante, entonces mayor José López Iglesias, muerto general. Otro ayudante, Lolo Lavanzat, capitán retirado, chismoso, y me dijo que un individuo hablaba mal de mí, "cosas muy feas sobre mi honor".

"El petimetre subió a un automóvil y lo echó a andar. Me subí a un carro que traía prestado del diputado Alfredo Romo, lo manejaba mi fiel y valiente ayudante, capitán Ernesto López Quintanilla. Cuando descendió el individuo frente a la casa 70 de la calle Acapulco, le grité que si era hombre se defendiera, metió mano a la cintura, pero se quedó petrificado, probablemente de miedo y le descargué las ocho balas de mi pistola y se murió. Una pistola que llevaba el figurín era mía, lo mismo que un fistol", resumió el potosino Gonzalo N. Santos, en sus memorias.

El alcohol había activado la violencia y fue evidente que Gonzalo N. Santos preparó cuidadosamente su versión, de tal manera que...nadie la creyó, excepto él y tal vez sus parientes.

¿Una dama asustada por la brutalidad e impunidad de que gozaban los políticos mexicanos en el poder, iba a regalarle un fistol y una pistola especial de su esposo, al amigo íntimo a quien le dijo llamarse Alicia para que no se le identificara como esposa del peligroso diputado? Claro que no.

Y al momento de ser acribillado con una escuadra reglamentaria del Ejército, Fernando Capdevielle no estaba armado y mucho menos iba a mofarse del marido engañado, a quien le temía porque ya lo había sentenciado a muerte, lo que le advirtió con dramatismo la señora Santos desde Estados Unidos, a donde se refugió precisamente para escapar de la venganza.

Bueno, el caso es que las cantinas en México siguen funcionando como verdaderos divanes de consultorios sicológicos, como casinos, a veces como "clubes de Tobi" y siempre con el señuelo de las botanas, cuyas delicias hacen olvidar a los asistentes, (casi todos irresponsables y malos proveedores), que en casa probablemente hay una dama que espera su gasto y muchos niños que en ocasiones no beben leche, porque el padre está disfrutando, entre otras cosas de:

Taquitos de canasta, de chicharrón prensado, carnitas, mariscos, salsa de chipotle con mayonesa, cebolla caramelizada con lechuga, un toque de col morada, pastel de metate hecho con chocolate artesanal, montaditos de atún, patatas bravas y picosas, cáscaras de papa que son medias papas rellenas de puré con tocino, aceitunas o pavo; a veces dan en las cantinas carne por kilogramo, botella y cinco refrescos; regalo de una botella o 12 cervezas al "cumpleañero"; chalupas, barbacoa, molcajetes y piernas rellenas de huitlacoche; quesadillas, esquites, gusanos de maguey, tortas gigantes acompañadas de papas a la francesa; camarones gratinados, envueltos en tortilla de harina, con cebolla y chile; costillas de cerdo en adobo, tortas de pierna enchilada o de cochinita pibil, salsas verdes, etcétera, según la cantina de que se trate. FIN

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