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domingo, 21 abril 2019

LAS ISLAS MARÍAS (Segunda entrega; segunda de cuatro partes)

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islas marias 05

STAFF SOL QUINTANA ROO

SE CASÓ CON FRANCISCO J. MÚGICA, SEGÚN RUMORES

El tiempo pasó y el 24 de enero de 1933, en el semanario "La Trinchera", que se publicaba en La Piedad, Michoacán, dirigido por José Hernández G., apareció en su número 22, la siguiente "noticia": "Contrajo matrimonio La Madre Conchita, con el general Francisco J. Múgica, exgobernador de Michoacán. Nuestro estimado colega "El Correo de Zamora", nos da la noticia de que la señorita Concepción Acevedo y de la Llata, comúnmente conocida como "La Madre Conchita" y que tanto ha figurado en el proceso que se sigue contra los cómplices del asesino José de León Toral, quien dio muerte al general Obregón, acaba de contraer matrimonio con el caballeroso michoacano, general Francisco J. Múgica, exgobernador de Michoacán y actualmente director de la Colonia Penal del Pacífico. Nos abstenemos de hacer comentarios por no saberlo de una manera oficial".

La "noticia" no corrió con la rapidez que actualmente se hubiera registrado, no, llegó primero a la mesa del director del periódico El Nacional—ya desaparecido—ingeniero Luis L. León, quien se la envió inmediatamente al general Múgica. En menos de un mes (según relataba el licenciado Javier Piña y Palacios) la "noticia" salió de Michoacán, llegó a México y fue conocida en las Islas Marías. El general se apresuró a rectificar. Se conocieron dos versiones, dijo Piña y Palacios.

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La oficial rezaba: "Isla María Madre, 16 de febrero de 1933. Su número 22 publica nota mi matrimonio con señorita Concepción Acevedo y de la Llata. Tratase de una maniobra reaccionaria atacando mis convicciones y la moral social de que he dado reiteradas pruebas. Ruego hacer rectificación para normar concepto opinión pública. Gracias. General Múgica".

SIGUEN LAS VERSIONES

La versión particular: Amigo y correligionario, ingeniero Manuel Bonilla. "Respecto a lo de la monja y a mi matrimonio con ella. Usted sabe que el elemento clerical del país está muy indignado por la actitud asumida por La Madre Conchita, ante los tribunales de la República, pues obligada por una sistematizada campaña de nuestros y de responsabilidades que los directores del alto clero trataron de arrojarle encima, reaccionó en el sentido de la verdad y de la moral humana y ha puesto el dedo en la llaga clerical, desenmascarando a los verdaderos autores intelectuales del asesinato del general Obregón y, como corolario, se trata de desprestigiar al impío, suponiéndolo capaz de aprovechar la situación de las personas colocadas bajo su férula, para aprovecharlas en beneficio de la colectividad revolucionaria; por fortuna, se ha acreditado tan grandemente en la conciencia nacional, que no tiene necesidad de maniobras sucias para descubrir a sus enemigos".


Y su amigo, diputado michoacano Ernesto Soto Reyes, le escribió a Múgica que el general Calles estaba bastante complacido de que el director de las Islas Marías hubiese logrado convencer a la religiosa para que hablara sin miedo a los altos prelados católicos, revelando cuanto sabía en torno al asesinato del general Álvaro Obregón, "celebro que el general Calles reconozca el enorme sacrificio que usted ha prestado a la Revolución y en lo particular le ha prestado al mismo Jefe Calles, al destruir con las declaraciones de la señorita De la Llata la burda calumnia de la cleresía de que el asesinato del general Obregón era político e inspirado por el propio general Calles", indicó el diputado.


(El ingeniero Bojorques en su obra sobre las Islas Marías hizo alusión a regímenes anteriores al del general Múgica y dijo sin titubear que "los demás directores no dejaron otra huella de su paso que algunos cortes de maderas finas y la ejecución de objetos para su uso personal, pero también dejaron huellas en las espaldas de los colonos, pues no encontraron otra forma de corregirlos que el empleo del látigo, y los explotaron brutalmente en trabajos particulares, aplicándoles castigos de los más infamantes").


Y volviendo al tema de la Madre Conchita, Miguel Gil, del periódico La Prensa, escribió en su libro "La Tumba del Pacífico", que de las seis de la tarde en que se reunían los presos en los patios de sus barracas, hasta las nueve, "sus cánticos forjaban una tristeza impresionante, pues como cánticos de diferentes estilos, cada uno de los presos entonaba las canciones de su tierra, y unos eran del Norte, otros del Sur, otros más del interior o de las costas, los estilos diferían y hacían una mezcolanza que se prestaba a la meditación, pues cada una de esas canciones traía un recuerdo, una añoranza dolorosa, el eco de lares lejanos, lenguaje y folklore semejante y siempre interesante".


Era en ese período de tiempo cuando se experimentaba la sensación del destierro, cuando el corazón se encogía y se pensaba en la libertad y se echaba a volar el pensamiento, que atravesaba el océano Pacífico como una exhalación para ir en busca de los seres a quienes se amaba y recordaba.

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